El debate organizado por el Jurado Nacional de Elecciones fue interesante y abrió ventanas de luces que estaban apagadas. Les explico: con el escaso tiempo para hacerse conocido cada candidato de “la gran mancha”, con el escaso tiempo para expresar, transmitir y explicar ideas y propuestas o por lo menos dar anuncios, aunque sean populistas o demagogia extendida, con el escaso tiempo que se otorgó y la confusión de los manipuladores que estaban a cargo del trabajo de moderadores dispuestos a convertirse en “candidatos extra” (en realidad siempre activistas incómodos, malcriados y cumpliendo una tarea de disparar a Keiko Fujimori y López Aliaga como todo televidente lo corroboró, el sumar los misiles miserables de los representantes elegidos por el JNE a los de cada candidato desesperado “por figurar como sea”, no dañaron ni una pizca a Keiko Fujimori, al contrario, siendo una mujer de trayectoria incuestionable en sus principios, la iban fortaleciendo y haciendo responder no sólo por ella sino por las mujeres, por los que sienten siempre abrumados por el ataque masivo de odiadores, por quienes son el punto de la burla, la ofensa y el ajusticiamiento social, económico, educativo, cultural, deportivo, religioso, han tratado de maltratarla más y el Perú es una nación de atacados, dañados, humillados y frente a eso, Keiko ha sido lo que muchos esperaban ver: la respuesta a los que atacan en mancha a una sola persona.
Además, atacar a Keiko Fujimori -mujer- fue un gravísimo error de sus oponentes (que no sabemos hasta ahora en qué se oponen a ella, sea como planes de gobierno, propuestas o formas de resolver problemas nacionales, sino que sabemos que la odian y nada más), porque se auto restaron tiempos e impacto de ideas y propuestas, los atacantes, lo que demuestra que no tienen ni una sola propuesta -repetimos-, solo odio.
En mi análisis, ni un solo candidato, ni uno, ni siquiera el hermano improvisado del convicto Martín Vizcarra han defendido al que los mantenía y contrataba -directa o indirectamente- durante el gobierno del genocidio que lo llevaron a ser considerado el peor presidente del Perú.
Mario Vizcarra, Fiorella Molinelli, Mesías Guevara, George Forsyth, Rafael Belaúnde, por citar cinco de muchos más, fueron los sostenes y calzones de Martín Vizcarra, sus fanáticos cercanos, de una forma u otra y ahora que candidatean a la presidencia se olvidaron de los aplausos a su hermano, amigo, socio, padrino, jefe y cómplice en algunos de ellos (póngale usted el rol de cada uno para que no se peleen en su amor maldito).
Para los que leemos detrás de cámaras y palabras adornadas, la ausencia absoluta de menciones y referencias al “ejemplo” del lagarto Vizcarra, con el que tanto viajaron, pasearon, se vacunaron y alardearon, lo que ocurrió en el debate fue un “lagarticidio”; nadie lo recuerda para bien, nadie lo añora como los que aplaudían en el COVID mientras morían decenas de miles de peruanos por su culpa -de Vizcarra y sus fans, eso opino-.
El debate presidencial demostró algo que el rostro de Keiko convirtió en sana satisfacción: el resultado ha sido un lagarticidio y el silencio sobre el criminal Vizcarra, evidencia que su carcelería está sellada, además de la condena popular, masiva condena.
Muy bien Keiko, así como te dispararon tanto y cobardemente, resististe y venciste, sin perder la humildad.
