La escasez no deviene en estupidez, pero en la política peruana actual -y valga decir, en la política mundial sin excepciones- ya nada nos asombra por la cantidad de idioteces y puestas en escena que inventan candidatos y publicistas para asombrar, llamar la atención, captar un segundo de tu interés y quizás, conseguir que sientas que ese mensaje, rostro y auspicio sea posible expresarlo en Tu Voto para presidente y también, pudiera ser, Tu Voto para el Senado, la Cámara de Diputados y el inexplicable Parlamento Andino. Y es que ese voto que representas vale mucho dinero para los candidatos y sus partidos (y sus familias enteras: hijos, esposas, amantes, cómplices, ayayeros, socios del crimen y los negocios habidos y por hacerse, todo con dinero público que TU les garantizas con Tu Voto. ¿Eso lo sabes, no es cierto? O sigues creyendo que hay más de 35 “ángeles” dispuestos a dar la vida por el Perú “trabajando sin robar”.
Me dicen en la Universidad cuando alterno con alumnos y colegas que “siempre hay excepciones”, pero, siendo posible ello, alrededor de esa excepción, ¿no están vestidos de “santos” los demonios de siempre que van de un lado oscuro del infierno partidario a otra covacha del mismo averno? Yo le pregunté a un candidato presidencial hace cinco años, en una sintonizada entrevista lo siguiente: “Si de su lista al Congreso de la República, hubiera una o más personas que están allí porque quieren ingresar al poder legislativo para delinquir y se les detecta y denuncia públicamente. ¿Usted qué haría? ¿Nos garantizaría su procesamiento? ¿Cómo podemos confiar en un candidato como usted, que lo diferencia?”. El candidato muy molesto respondió asumiendo que la pregunta iba en contra suya y con el discurso trillado de “no soy ladrón, soy exitoso, regalo plata, hago cientos de colegios” y otras afirmaciones que no respondían la pregunta, miró enardecido y se sintió de su mirada el clásico “vas a ver, vas a ver” que caracteriza a los vengativos de la política.
Y en la segunda pregunta fue más allá cuando la pregunta decía: “usted nos comenta que no es político. ¿Usted no ha sido regidor metropolitano y secretario general de un partido que ha llegado dos veces a la alcaldía de la ciudad capital de Perú? ¿Eso es política o no lo es para usted?”. Hirvió en cólera, cuando pudo responder y decir la verdad o que se equivoca o que para él, sus más de diez años en ese partido no eran actividad política. No lo sé, es su problema, pero que calló y se avergonzó, eso es cierto. Y que volvió a enervarse casi en histeria, lo fue.
Y les hablo de uno que pudiera ser excepción, pero para mí, no lo es, a pesar de llevar amigos míos en su lista a la Cámara de Diputados.
Amigos y no amigos, esta elección es muy complicada, muy difícil de decidir porque creo que es la primera vez que casi toda la multitud de listas y candidatos NO dan buenas señales para el país. Es lamentable que si bien es cierto yo me equivoque -y ojalá sea así- quizás haya dos, tres o cuatro candidatos presidenciales y al Congreso que sean peruanos de integridad y valor humano. Repito la aspiración de muchos: “ojalá”, pero mientras tanto, hagamos el esfuerzo de arqueología política, para descubrir bajo tierra si son en verdad una respuesta y no el mismo problema de siempre, pero peor.

