Pensaba comenzar escribiendo “quizás lo que diga puede parecer mal o sonar atrevido, pero…” y entonces me dirigí a mis mentores y ellos, con la prudencia de sus años me dijeron claramente: “Dílo, es tu momento”.
Hoy tenemos en el Perú más de treinta personas que se consideran aptas para ser presidentes, guías del país que compartimos. Son peruanos y peruanas que se supone tienen valores, principios y virtudes que los destacan, que los hacen ser ejemplos en sus vidas, trabajos, profesiones, familias. Pero leyendo sobre ellos, me siento triste al decirles que nos mienten, que tal vez tres, cuatro y hasta cinco tengan soportes de consideración, pero hay como treinta que deberían estar en prisión -con cadena perpetua- por sus antecedentes, inconductas y daños hechos a sus familias, a sus trabajos, al Perú en su conjunto. Esa es y será mi opinión y por lo que leo, veo y escucho, es la opinión de la ciudadanía y crece la indignación colectiva.
Pienso nuevamente ¿Y si es así, porqué permitimos que lo peor nos dirija? ¿Por qué siempre lo mismo?
Hay una muerte de la joven ciudadanía, contagiada por el fallecimiento en la protesta y reacción de los que nos han precedido, una especie de enamoramiento con lo malo, un síndrome de Estocolmo en el cual hemos caído, adorando a nuestros verdugos y protegiéndolos en cada elección, en vez de castigarlos. Esa nueva costumbre es una herencia miserable que no podemos mantener.
Estamos camino a lo mismo de siempre, ¿esa es nuestra condena? ¿Se van a volver a burlar de mi voto? ¿Nuestra expresión ciudadana no les importa nada a los que gobiernan ¿Tengo que pedir permiso para rebelarme y decir lo que opino? ¿Es este el país que voy a autorizar recibir? No, de ninguna manera, me resisto a hacerlo.
No iba a ir a votar, pensé hacerlo viciando mi voto, pero no voy a retroceder como lo hacen otros. Revisaré más, escarbaré más y estoy segura de que encontraré por lo menos entre los candidatos al Senado y la Cámara de Diputados algún rostro y voz honesta y honorable a la cual le haré seguimiento ciudadano si sale elegida, para que cumpla con sus promesas y para que acepte nuevas ideas y propuestas de sus electores. Esa es mi tarea, ese es mi deber.

