El corazón del Perú es la minería formal y lo están tratando de detener los cárteles de la minería ilegal, de las operaciones extractivas informales que contaminan el ambiente, que contaminan la salud de los trabajadores exponiéndolos a mayores riesgos de toxicidad y ausencia de beneficios laborales y previsionales y contaminan especialmente a quienes representan el Estado de Derecho (Poder legislativo, Poder Ejecutivo, Poder Judicial) porque lo invaden de dinero… “a cambio de” sumisión, producción de normas irracionales, insustentables y de perjuicio al conjunto de la nación.
Tenemos un país que fabrica normas de forma imparable, ya sean leyes, reglamentos o procesos que enredan el camino de las inversiones. No es trámite, se trata de una pista de combate en la que uno debe saltar, correr, dar algo o mucho, renegar, esperar, volver a empezar y ese camino que conocemos “es muy fácil de evitar” si es que se entregan coimas, así de ilógico. El Estado, los gobiernos que se van rotando con cada presidente y Congreso inútil, han mapeado el ámbito de trabajo minero del Perú para extraer dinero de los inversionistas y empresarios privados “a cambio de”, y si no les dan la contraprestación -chantaje, extorsión- a eso que se llama “la facilidad de no ponerles trabas”, sencillamente hablan con los ilegales o informales y les dicen dónde está la veta, dónde se han hecho estudios preliminares o definitivos para una operación minera de oro, dónde hay movimiento de tierras con equipos mineros de alta tecnología y exploraciones en curso, les dicen “vayan allá, allí está el oro” y por supuesto, cobran su mensualidad de servicio y van comprometiendo autoridades o funcionarios públicos que trabajan en organismos con competencia para el daño a la industria minera provocando “inspecciones”, visitas inopinadas, mediciones de “riesgo” y mil formas de fastidiar.
¿Se ha dado cuenta a lo largo del tiempo que la Minería formal es 300 veces más inspeccionada y verificada que la invasión extractiva de minerales, que la explotación humana de trabajadores mineros informales? A “la Pampa” en Madre de Dios, van de visita y de promesa incumplida los ministros y presidentes. En “la Pampa”, en Madre de Dios, hay fosas clandestinas, pero las ONG de Derechos Humanos no las cuentan en sus denuncias. “La Pampa” es un territorio inmenso donde cientos de niñas, niños y jóvenes son explotados sexualmente y la ONU no se da cuenta de ese crimen permanente. Y como “la Pampa” son Pataz, Rinconada, Caravelí, Secocha, Nazca, la cuenca del Río Nanay y decenas de otras localidades que aglutinan más de 250 mil trabajadores informales, hablamos de una cifra similar a la industria minera formal, ese es el drama y la solución no es inventar “reinfos”, sino enfocar soluciones integrales que respeten las concesiones, que no toquen áreas protegidas (Nazca, la Amazonía), que no contaminen con mercurio que viene de Bolivia y México. ¿Dónde están el Ministerio de Trabajo, la Defensoría del Pueblo, la UIF de la SBS, la industria bancaria para promover formalización laboral, humana, financiera?
Los candidatos hablan de sus rivales y critican si comen, si tosen, si estornudan, si tienen novia, novio o amante, pero nunca contraponen ideas y propuestas, porque no las tienen ellos, ni sus oponentes ocasionales. Por eso es que la realidad de la minería va por rumbo desconocido, sobreviviendo, aguantando.
A la industria minera legal la aburren, denigran, enjuician y condenan desde el Estado; a la industria del delito, corrupción y extorsión (minería ilegal), le facilitan el camino y le cobran cupos políticos que sirven para el dueño del partido y su clan, y para la campaña de los facinerosos que se unen en ese partido en la búsqueda de otras fuentes de financiamiento de sus vidas, placeres y perversiones. Es una rueda sucia que se alimenta de mucha más suciedad.
Y no es solo eso: se trata de un pulpo que opera muchos brazos, uno de ellos es con las ONG anti-minería, que elaboran expedientes de rechazo, inventan cauces de ríos o fuentes de agua, convencen (manipulan, maniatan) comunidades campesinas o nativas, agricultores y poblaciones enteras, diciendo que la Mina es daño, pero por otro lado, incentivan la multiplicación del auténtico daño y el ingreso de ilegales afines -ideológicamente- que invaden, se instalan, contaminan y no revierten ni un centavo a las poblaciones (distritos, provincias, regiones y país). Es así.
Estamos en una ridícula e incomprensible lentitud para acabar con el mal de la minería ilegal y estamos en medio de una campaña electoral donde por un voto, se callan los candidatos y se meten en dependencias con el crimen organizado que les va a facturar cada día que puedan hacerlo.
Las ofertas en campaña casi no existen, se repiten frases generales que ocultan la enorme ignorancia y ausencia de equipos de trabajo que hagan realidad los cambios que necesita el país. La Minería formal representa más del 60% de las exportaciones, más del 15% del PBI, paga altos impuestos que lamentablemente el Estado no invierte como generación de mejor educación, salud y seguridad, sino en la abultada planilla de burócratas.
La minería ilegal causa pérdidas al país, no paga impuestos, envenena la salud de miles de trabajadores y de las comunidades adyacentes, genera operaciones delictivas de trata de personas, prostitución y nuevas formas de esclavitud humana. La minería de la ilegalidad es un rostro de la izquierda del odio que va dominando escenas de presión (medios de comunicación) para dar el salto a las escenas del poder con mayor dominio (Congreso, gobiernos regionales, municipalidades, ministerios).
Si los señores candidatos a la Presidencia de la República tomasen un discurso sólido de la verdad que tenemos y debemos de afrontar como país y lo explicasen con sus dirigentes partidarios y candidatos al Senado y la Cámara de Diputados, se alfabetizaría a los ciudadanos, se educaría en la comprensión de lo que le hace falta al Perú para ser una mejor nación, una mejor sociedad. Pero los señores candidatos, en su casi totalidad, no son candidatos a la Presidencia, sino aprendices del delito dispuestos a recibir un dinero extra mientras prueban suerte, porque no tienen partidos políticos organizados (estructura y dirigencia nacional), no les acompañan candidatos honestos y sensatos al parlamento, sino secuaces, cómplices, ayayeros, ignorantes y petardistas de todo lo que se opone a sus ambiciones desmedidas. Hay demasiados “alí babá” y hasta “abimaeles” con su tropa revolucionaria lista.
Minería legal, pesca legal, agroindustria, turismo, transporte pesado y de pasajeros, hotelería cada vez mejor y con muy buena infraestructura… grandes palancas de inversión, progreso y desarrollo, en las que los políticos no ven grandeza, sino una víctima más para eliminarla.
“Trabajemos para hacer popular, aquello que es bueno para el Perú y los peruanos”
