Cuando un colaborador eficaz o un testigo protegido proporciona datos, fechas, fotos, informaciones, grabaciones, pruebas documentarias y evidencias de los delitos que se conocen o en los cuales han participado, éstos se deben de corroborar y evaluar detenidamente, porque estamos en medio de un mercado muy especializado que sabe alterar y adulterar las comunicaciones, en especial las que se emiten via WhatsApp.
¿No han escuchado antes de “Pegasus”, el espía perfecto contra los smartphones?
Hablamos de sistemas de espionaje e interceptación o “chuponeo”, de varias generaciones, adaptaciones y formulaciones que se infiltran, tienen la capacidad de adulterar imágenes y mensajes, responderlos y hacer que parezcan reales, logrando que los propios “no emisores”, sientan que “tal vez” los escribieron, porque es tan fino el sistema de alteraciones que lleva a pensar que uno no lo recuerde. De eso se trata en una de sus aplicaciones: hacerlo lo más perfecto posible, para que la siembra de evidencias falsas logre ser “reconocida” como cierta, por quien nunca la efectuó.
El sistema “Pegasus” se trajo al Perú, como complemento de los sistemas “Reliant” y “Constellation”, que son equipos menos sofisticados, pero bastante efectivos para chuponeo: para escuchar y grabar.
Evidentemente, todos los gobiernos -desde Ollanta Humala-pretendieron negar estas adquisiciones, sin embargo, como lo señalamos aquí en Minuto Digital news en su momento, equipos de interceptación telefónica “legal” fueron adquiridos secretamente a la empresa israelí Verint Systems Ltd. valorizados en US$ 21 millones 600 mil dólares, a fin de destinarlos a la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), pero como hubo luego de cierto tiempo una filtración de esa compra, se usó la falsa narrativa que los equipos estaban siendo destinados al Ministerio del Interior para la lucha contra el narcotráfico (y el narcotráfico aumentó, ¿qué les parece? y los equipos, nadie sabe dónde están ahora. Otra vez, ¿qué les parece?
La adquisición de los aparatos se hizo sin convocar antes a una licitación internacional y algunos podrían decir que por tratarse de equipamiento para la DINI ese era el camino, pero NO es esa la ruta legal, sino el de una licitación, que además, tenía que ser de carácter internacional.
Ahora bien, volvamos a la trsite realidad actual en que se han filtrado -dicen-, unas capturas de pantalla de unos WhastApp donde supuestamente la señora Fiscal de la Nación, Patricia Benavides, participa de una conversación sobre acciones y decisiones al margen de la Ley. ¿Cuál es la fuente de autenticidad de esas imágenes? No se tiene una corroboración en un peritaje independiente o en una referencia que pueda acreditar la veracidad, legitimidad y no alteración de esas “pruebas” que han sido publicitadas como si fueran evidencia innegable (primer gran problema).
Los medios de comunicación contrarios a la Fiscal de la Nación, impopular en la izquierda del odio y en los caviares que manejaron las redes de justicia con Vizcarra, Sagasti y Castillo, se aventaron a decir que eran pruebas irrefutables, sin tener algo que determine eso.
De aqui que la pregunta de rigor es: ¿No es una siembra de evidencia falsa, de WhatsApp adulterados y acondicionados en una narrativa de mentiras, para manipular a la opinión pública con noticias que no son ciertas y que impactan al inicio y cuando se aclaran sus falsedades y su origen, ya dejaron una duda en la mente de las personas?
¿No son producto, esas noticias escandalosas, de interceptaciones ilegales, manipulación y adulteración de comunicaciones para tumbarse autoridades? Solamente en la capacitación inicial del primer grupo de Agentes de Inteligencia (AI) a cargo de las interceptaciones se invirtieron 840 mil dólares ¿Lo sabían? Y se estima que a la fecha, más de 10 grupos de AI han sido capacitados y reciben entrenamiento anual para desarrollar las capacidades operativas y de infiltración del sistema que ha sido modernizado a inicios del gobierno de Pedro Castillo (Los equipos tienen ocho años de instalados).
Estamos en el Perú, donde todo es posible, donde el mundo al revés es la realidad, donde lo inimaginable es lo que ocurre.
Y de aquí viene otra pregunta: ¿Existe una organización de espionaje, de “inteligencia paralela” que usa oficialmente -a escondidas- los equipos “Pegasus” en el Perú? Porque si nadie sabe dónde están y todos conocían de la compra y el pago efectuado, si se revelaron algunos de los planes operativos desarrollados y los Agentes de Inteligencia de la DINI fueron capacitados, ¿Quiénes dirigen esa oficina de “inteligencia paralela”? ¿Acaso una central de dueños, inversionistas o accionistas de medios de comunicación que va usando grabaciones y capturas de pantalla para fines de retoma o control del poder o para extorsiones, chantajes y otros crímenes?
Noostros creemos que la relación de la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) de México, como única entidad de ese país que opera con Pegasus -con la DINI- desde los tiempos de Pedro Castillo, es una de las mejores evidencias del hilo que ayudará a descubrir este entramado, muy pronto.
Debajo de la realidad, es un discurso que muy pocos han leído y transcribo una parte: “Cuando se acusa a un Fiscal general desde una posición de gobierno, usando subalternos presuntamente afectados y un sector de la prensa, es porque hay una fábrica de capturas y alteraciones de mensajes que se realizan con interceptaciones ilegales en las comunicaciones; es una pelea entre bandos criminales que son hábiles y despiadados; los ciudadanos caen en el juego de ubicarse a un extremo u otro, pero ayudan polarizando todo, a los crimiminales…y no se dan cuenta”
Los ciudadanos estamos en el centro, nos están disparando los políticos y encima les pagamos las balas, ¿No se dan cuenta?