Karl Marx (1818-1883) da para bastante. Están los que lo siguen casi a pie juntillas, así como quienes se inspiran en su pensamiento en sentido lato. Los primeros años de mi formación universitaria, en los setenta, estudié a Marx en sus textos fundamentales como en sus intérpretes europeos y latinoamericanos. La rigidez apodíctica que reclamaba para sí, presentándose como ciencia que había descubierto las leyes inexorables de la historia y la economía, me resultaron sofocantes con lo que pronto volví la mirada a sus críticos del campo de la filosofía, la economía, la historia, la sociología.
En los setenta me familiaricé con el marxismo-leninismo soviético, la perspectiva de la revolución cultural china de Mao Zedong, la propuesta albanesa, el eurocomunismo latino de Gramsci, los revisionismos intelectuales europeos, Mayo del 68 (con sus intelectuales a favor y en contra), versiones de la teología de la liberación. Ahora bien, el asunto no se quedó en una discusión intelectual. En medio de este fárrago de perspectivas estaba el problema social de pobreza, desigualdad, caldo de cultivo para el terrorismo de Sendero Luminoso en mi país (Perú) con intelectuales y agitadores propios, cuya tragedia no dejamos de lamentar.
Con la economía de Marx no se hace economía real. La historia de los dos últimos siglos no ha seguido el movimiento dialéctico señalado por Marx. El paraíso de la sociedad sin clases profetizada nunca llegó, los millones de muertos que ha dejado como saldo el comunismo real deja en evidencia que la persona concreta no es un absoluto en la cosmovisión marxista, es tan sólo un elemento descartable. En este aspecto, más centrada estuvo la postura de Bernstein (1850-1932) quien, en crítica a Marx optó por la evolución en lugar de la revolución dando origen a la socialdemocracia, corazón de la sociedad de bienestar europea. Nunca le vi mordiente al llamado “marxismo-leninismo científico” de mi época universitaria y mucho menos a la idea de la lucha de clases como partera de la historia.
En este tramo del siglo XXI han aparecido corrientes culturales de intensa carga ideológica como la perspectiva de género, la cultura woke, las políticas identitarias, la teoría crítica de la justicia, la interseccionalidad, la descolonización, etc. ¿Son el nuevo rostro del marxismo? Así, en paquete, no me parece. A estas ideologías, difícilmente se les puede aplicar la plantilla económica de Marx con la teoría del valor-trabajo, la plusvalía, la acumulación creciente del capital. ¿Y la teoría de las alienaciones en Marx? Sí, se puede hablar de inspiración marxista en este aspecto, pero forzando esta influencia con la ayuda de un calzador.
Diría más bien, que estas ideologías al tiempo bailan con su propio pañuelo. Hay compases marxistas al estilo de la lucha de los sexos, machismo, patriarcado; pueblos dominados por el imperialismo capitalista; comunismo gramsciano en la cultura y bastantes más rasgos por el estilo. Sin embargo, todos estos ingredientes no pasan de ser meros accesorios que no recogen el núcleo esencial del Marx de los Escritos juveniles ni del Marx del Capital. ¿Cuáles son esos aspectos neurálgicos del pensamiento de Marx? Para saberlo, ayudará mucho la lectura de un reciente libro del profesor José Rodríguez Iturbe, Marx: una aproximación (Rialp, 2025). El autor hace un recorrido riguroso y claro del iter intelectual y vital de Marx, situándolo en el contexto histórico de su tiempo, así como en las polémicas que sostuvo con otros autores socialistas de la época. La peculiaridad del pensamiento de Marx, así como sus insuficiencias se ponen en evidencia.
Marx elaboró su diseño racionalista e hizo pasar a la realidad humana y social a través de este modelo. El resultado fue el empequeñecimiento de la persona y la distorsión de la realidad. Como muy bien lo señala Rodríguez Iturbe, “la perspectiva moderna o posmoderna no puede entender la visión judeocristiana del acontecer histórico sub specie aeternitatis [bajo razón de eternidad], en cuanto juzga la historia sub specie humanitatis [bajo razón de humanidad]… La visión cristiana de la historia es radicalmente distinta de la visión pagana precristiana y del empeño del neopaganismo poscristiano en el cual resulta lícito ubicar al marxismo. Una perspectiva cristiana no puede limitarse al horizontalismo absoluto de los enfoques de la modernidad y de la postmodernidad (p. 122)”.
Los seres humanos somos polvo, materia, ciertamente, pero un polvo al que Dios le ha insuflado espíritu convirtiéndonos en imagen y semejanza Suya, una dimensión a la que Marx no accedió.
Dónde encontrar el libro: https://www.rialp.com/libro/marx_139419/
Nota de Redacción: José Rodríguez Iturbe (Caracas, 1940) es doctor en Derecho y en Derecho Canónico (U. de Navarra). Ha sido profesor de Historia de las Ideas y del Pensamiento Político en varias universidades, parlamentario, presidente de la Cámara de Diputados de su país y secretario general de la Organización Demócrata Cristiana de América. Es autor de numerosas publicaciones, y reside en Colombia desde 2004.

