Cuando un político (presidente, congresista, ministro, etc.) se reúne con sacerdotes de distinta jerarquía o se acerca a la Iglesia católica, se le condena si es que los pastores de ese momento tienen opiniones de coyuntura en abierta oposición o han expresado comentarios públicos que difieren del gobierno relacionados a temas de valores, de principios o de moral que evidentemente están contrapuestos con la prédica de la Fe. No puede hablar con sus “opositores”, dicen.
Pero ocurre lo contrario hoy en día, que algunos “pastores” alientan dichas reuniones y terminan asociándose a esos políticos de la vereda contraria y además, los medios de comunicación aplauden los encuentros y la suma de intereses personales, mucho ojo con esta última frase.
Cuando un político se interesa o se siente cercano a lo controversial de una iglesia que se pierde en lo intrascendente, que piensa justamente en “lo político y en la política”, los medios de comunicación tan ávidos de esas posiciones que animan el lucro y el escándalo, convierten en santos a los que sin sotana, agreden principios, valores y tradiciones. Es bueno el diálogo de los conversos de ahora, también dicen.
Tenemos dos Cardenales que no están en la actividad presente (uno en Roma analizando las finanzas de la Iglesia, otro no se sabe dónde analizando sus propios bolsillos). Para coincidencias históricas, uno se llama Pedro y otro es Juan. Uno el que coincidentemente negó, otro que coincidentemente imprimió el compromiso del bautismo. Pero cardenales al fin –porque el título es emérito-, son hermanos aunque uno lo niegue con sus actos, sus palabras y sus temores destruyendo las obras que su hermano hizo, como la Marcha por la Vida.
El Perú es un gran laboratorio de experiencias y encuentros, también desencuentros, qué duda cabe.
La iglesia católica ha perdido liderazgo, conducción y protagonismo, ha cedido gran parte de presencia, en favor del abandono.
Y en la hora actual, que se acercan los vientos y tempestades del comunismo más atroz y violento que uno pueda imaginar, la Iglesia sin conducción deja a los fieles sin mensajes, sin señales, sin luces. Entonces nace la pregunta que se repite con insistencia ¿La Iglesia o el cristianismo, te animan a participar en política hoy día?