Asistimos como siempre, a las peleas de esas cáscaras que llevan por nombre comercial “partidos” y no son más que cárteles electorales en búsqueda de privilegios, dinero y cuotas de poder, porque ya no son partidos, sino la mezcla de operadores de intereses, junto a la mezcla de angustiados por aumentar su capital de dominio. Vemos una cascada que viene cargada de cadáveres políticos expertos en mudar de ideas y fanatismos (no tienen ideas que determinen propuestas, no tienen valores que determinen virtudes).
La democracia en el Perú no está bajo riesgo ni bajo amenaza; ya se encuentra debajo de la razón, aplastada por la sinrazón. Cada día se lanzan verduguillos marcados con veneno y antorchas sedientas de ardor los candidatos a cualquier cargo público (presidencia, Senado, Cámara de Diputados) porque sus estrategas les enseñan que en el insulto, la calumnia y la ofensa, reside la ruta de convencimiento a los ciudadanos para que los vean -a ellos, a los candidatos- como valientes, ejecutores, machazos, inteligentes y superiores.
Estamos en la etapa de campaña donde se sabe quiénes están adelante, quiénes les siguen bastante rezagados y quiénes no figuran ni en sus sueños siendo pesadillas, porque apostaron a que una frase, una propuesta, un grito y hasta algunas idioteces los harían centro de atención y de allí, objetivo de valoración para la votación. Pero eso no funciona “ni aquí ni allá” (por ejemplo, en España, México, Argentina o Colombia, de donde han venido varios consultores de campañas electorales que no entienden que cada nación tiene un eje diferente y diverso); y por ello, los cinco que están adelante, no tienen más de 15%, 8%, 5%, 4% y 4% (ni siquiera, sumados, el 50% del total nacional) porque siguen en lo mismo y no cambian de rumbo para hacer de las propuestas bien argumentadas y muy bien explicadas, el trampolín a la fama (al Voto).
“Es lo que tenemos”, “es lo que hay”… mucho cuidado, no estamos viendo debajo de las copas de los árboles, no estamos viendo la oscuridad y creemos que hay que ver el bosque. No, en la política peruana hay que bucear y no nadar, hay que escarbar la tierra y no barrer la superficie, hay que actuar pensando y no pensar actuando, de lo contrario, se abren las compuertas del desagüe ideológico y sus encarnaciones (izquierdas del odio).
Falta humildad, sensatez, verdad y tenacidad. Nadie subsiste ni deja legado, más allá de palabras huecas, poses fingidas, rezos cargados de odio y acusaciones que son el reflejo del propio envidioso de siempre.
