El sábado pasado leí la siempre interesante columna de Luis García Miró que publica diariamente en Expreso, en la que menciona la ausencia de liderazgos para afrontar el momento que pasamos.
No comparto esta apreciación en toda la extensión de la misma. Creo más bien que una cosa positiva del momento actual es el renacer del interés por opinar, por participar, por actuar políticamente desde espacios no tradicionales; sin que decir esto tenga carga peyorativa alguna.
Sin embargo, lo que debo reconocer es la falta un Estado Mayor y un liderazgo, necesariamente conjunto y representativo de los diversos “colectivos” existentes; sin dejar de mencionar los esfuerzos de figuras conocidas y reconocidas.
En estos momentos las diversas bancadas congresales -que llamaremos democráticas-, no dan la talla como la situación lo exige y amerita. Es necesario en consecuencia, que la oposición “extraparlamentaria” se una con la “parlamentaria” en una gran Coordinadora y con una Agenda Mínima, se comprometan a actuar unitariamente en defensa de la Democracia y por ende, en el deseo de vivir en Libertad, priorizando por cierto lo que nos une.
En 1987 la llamada Izquierda Unida conformó una Asamblea Nacional Popular que se llevó a cabo en Villa El Salvador. Unificó no solo a partidos políticos sino a gremios, colectivos, sindicatos y otros. Tomemos ese ejemplo. Es hora de llamar a una Asamblea donde cada colectivo, gremio, partidos democráticos, Iglesias, empresarios y otros nombre un representante y se elija un Comité Directivo (7 miembros), que con participación de minorías y agrupaciones de toda diversidad, permita que juntos avancemos y derrotemos el proyecto comunista.
La participación debe ser amplia y abierta a todos quienes acrediten existencia y organización antes de una determinada fecha. Es hora de la Unidad en la Diversidad.
La elección de la mencionada Mesa Directiva debe ser reflejo de una real representatividad y que los esfuerzos deban orientarse a golpear juntos a la amenaza totalitaria y evitar marchas paralelas como las de ayer, que son producto de esfuerzos encomiables, pero que no responden al imperativo histórico de luchar unidos contra el comunismo.
Respetemos las individualidades y los programas propios, pero sabedores que el momento actual exige desprendimientos y realismo.