Si vemos la pocas noticias e informaciones que brindan los medios y los cuarenta y tres “partidos políticos” del espectro nacional, parece que las elecciones serán cosa de una novela corta, casi de semana, a lo máximo un mes antes de la fecha decisiva para el nuevo suicidio nacional, donde los peruanos, alejados de saber más y conocer más sobre quienes aspiran a gobernar el país, escucharemos en la fila de la mesa de sufragio o escucharemos de algún “ilustrado” y manipulador periodista (o sea, de los que se hacen llamar comunicadores y analistas, sin ser nada, sin ser nadie), las sugerencias de las opciones nacionales del momento (de sus propios intereses), que no son, de ninguna manera, las del Perú y los peruanos, sino que responden al alquiler sus conciencias y al inmundo deseo que todo vaya peor que siempre, para que los medios y sus brazos de activismo, sigan cobrando más, de un lado o del otro, del Estado o de grupos de presión y de poder, legales e ilegales (que no son lo mismo).
¿La desgracia viene en forma de Voto y cédula de sufragio? ¿El desatino será la respuesta de siempre? ¿Estamos siendo conducidos una vez más al abismo de los incapaces, por voluntad propia?
Estimados amigos y no amigos: en el Perú, hasta el momento, solamente se vislumbran por sus esfuerzos y voces. tres y, siendo muy generosos, hasta cinco potenciales candidatos con “algo de razón y un poco de conciencia” en sus propuestas (que son pocas, que son confusas, muchas insostenibles, con carga populista, pero ahí están).
En la mancha de los pretenciosos y “jugadores”, el silencio abruma porque la incapacidad e ignorancia desborda y la estrategia en ellos es esperar hasta el último mes, hacer algún escándalo, encender algún desencadenante y rezar para ver si de tantos boletos de la rifa le toca uno premiado, lo que sea, ya que los candidatos a Presidente son también candidatos al Senado, algo realmente estúpido, pero algo sinceramente alarmante cuando uno cree que las reformas políticas fueron para cambiar del desastre, a una posibilidad de construir institucionalidad.
Y peor aún, cuarenta de los candidatos carecen de trayectoria partidaria y sus partidos carecen de una trayectoria política y los ciudadanos, como siempre, no ejercen ciudadanía activa, sino que se han comprado el rol de ser los mismos espectadores de siempre, felices y fieles suicidas de lo que ocurre, activos apesadumbrados que en las redes sociales se imaginan tenores o referentes porque los leen o los insultan y eso, les da algo así como una inflada de pecho sin ser nada, sin ser “nadies”.