Si le preguntas a un ciudadano en las calles de cualquier ciudad del país, en el Perú estamos locos de siempre, tolerando lo absurdo, permitiendo lo insano, justificando -eso es lo peor- lo que sucede y lo que no hacemos para que todo cambie (en favor de todos y no como siempre, en contra de todos).
Hoy en día, la mayoría de los que están en el Congreso quieren que se vaya Dina Boluarte, pero no hacen nada concreto para que, usando argumentos sólidos y el debido proceso constitucional, se vaya la mencionada señora.
Hoy en día, la mayoría de medios de incomunicación quieren que se vaya Dina Boluarte, pero no hacen nada válido para demostrar la responsabilidad y culpabilidad de la mencionada señora en actos y decisiones que sean una efectiva imputación legal que sirva de prueba fehaciente, al extremo de recurrir a un planchado y pintura de la carrocería facial de la presidente y eso, es de farándula barata (habiendo tanto por probar cuando se buscan e investigan los delitos cometidos en el ejercicio del poder).
Hoy en día, la Fiscalía de la Nación, el Poder Judicial y algunos otros organismos estatales de menor rango, le hacen la pelea diariamente a la señora Boluarte y sus ministros (y secuaces) acusándolos de lo imposible y de lo posible, para investigarlos a diario, procesarlos y sentenciarlos, pero saben -y esto es lo grave-, que no sirven de nada esas acusaciones si es que no se sigue el debido proceso constitucional que otorga una serie de blindajes o tiempo de espera a sus objetivos de castigo. Falta estrategia y seriedad, falta hacer públicas las evidencias y me pregunto: ¿Las ocultan interesadamente? ¿Hay un doble juego hacia el público, mientras se hacen negocios? ¿Un rostro es de peleas y de forma oscura y bajo la mesa, son “waikis”?
Como observan, ni desde el Congreso, los medios, el Poder Judicial o el Ministerio Público, existe un deseo cierto de actuar EN justicia y PARA la justicia. Por eso, Dina Boluarte y su organización ministerial (no he dicho delictiva, no he dicho organización criminal), se pasean en impunidad frente a sus oponentes, que no son opositores, que no son líderes y no gozan, como ella tampoco, de respaldo popular.
Es una pelea de misios, de reyes de soledad popular, propietarios temporales del poder o de parte del poder. Eso es lo grave, porque puede desembocar todo en algo peor, como siempre, pero peor.