La declaración final de la Misión del FMI enviada, de acuerdo con el articulo IV, al Perú ha dejado un mensaje incómodo para la economía[1] la cual, si bien luce mejor que muchos de sus vecinos, sin embargo, por la persistente falta de orden respecto de viejas fragilidades que el país sigue evitando enfrentar, combina elogios referidos a la solidez macroeconómica con una advertencia clara: “el Perú no puede seguir viviendo de la inercia, del cobre y de la reputación construida en el pasado”.
El cuadro económico inmediato lo describen como favorable. Crecimiento económico de 3.4% en 2025, por precios altos de los metales, la recuperación del consumo e inflación contenida. Repunte de la inversión privada y fortaleza en las cuentas externas. A primera vista, parece una historia de éxito. Pero el FMI no reporta para celebrar, sino para prevenir cuando dice: el país sigue dependiendo de circunstancias favorables y poco de reformas reales.
En lo fiscal alerta que, aunque el déficit es bajo (2,2% del PBI en 2025), de mantenerse las políticas actuales los gobiernos seguirán incumpliendo en la práctica, el espíritu de su propia regla fiscal. En palabras sencillas esto significa que los gobiernos del Perú gastan más de lo que disponen e incluso más de lo que deberían. Haciendo referencia que sistema político continúa produciendo iniciativas populistas, gasto sin financiamiento y decisiones si evaluar consecuencias de largo plazo. El FMI plantea que será necesario un ajuste cercano a 0,9% del PBI hacia 2028.
Aquí está el problema de fondo: el Perú sigue actuando como si su vieja disciplina fiscal fuera un activo eterno, cuando en realidad se está erosionando. La baja deuda pública y el acceso a los mercados todavía compran tiempo, pero no compran impunidad. Ningún país conserva credibilidad fiscal si su clase dirigente convierte cada coyuntura en una excusa para aplazar las correcciones.
El informe deja otras dos advertencias respecto: a) la debilidad de los gobiernos para recaudar y b) la necesaria reforma del sistema previsional. El FMI insiste en que es elemental que, en el Perú, la consolidación fiscal planteada hacia 2028 signifique reformas para reducción de gasto y aumento de presión tributaria. Lo mismo que dejar de erosionar el sistema con retiros de los fondos de pensiones privados.
En particular el FMI advierte que esta práctica no solo golpea las pensiones futuras, sino que además daña la profundidad del mercado de capitales. En palabras sencillas, parte del país se está comiendo hoy los ahorros que necesitara mañana, hecho que los legisladores aprueban en nombre de una popularidad instantánea que nadie pagará personalmente cuando llegue la factura.
Lo que me ha llamado mi atención es la mención realizada sobre la minería ilegal. A mi entender, uno de los puntos más duros que significa un notorio cambio respecto de lo que consultamos en la primavera del 2024 al referirnos a las compras de oro por los bancos centrales[2]. La misión retrata la situación no solo como un problema productivo; sino como, una amenaza directa a la seguridad y la institucionalidad.
Esta es una definición importante, porque rompe con considerarla como un fenómeno periférico. Para la misión del FMI, la minería ilegal, es una economía criminal que erosiona al Estado, intimida territorios, destruye legalidad y ahuyenta inversión formal. El mensaje implícito es demoledor: el Perú no podrá hablar seriamente de desarrollo mientras siga tolerando este cáncer por cálculo político o cobardía institucional.
En el plano monetario y financiero, el tono es menos dramático. El Banco Central conserva credibilidad, la inflación permanece bajo control y el sistema bancario luce sólido. Pero incluso aquí aparece una advertencia de largo plazo: la profundidad financiera del país sigue estancada, frenada por informalidad, baja inclusión económica y escasa competencia. Es decir, la estabilidad existe, pero no termina de traducirse en una expansión moderna del crédito, la productividad y la inversión.
Termino concluyendo dos puntos. El primero que, aunque el lenguaje diplomático lo suavice, la misión ha compartido amor severo cuando dice que: el Perú sigue siendo resiliente, pero se está acostumbrando peligrosamente a vivir de esa resiliencia. Se apoya en el colchón de la estabilidad pasada mientras posterga decisiones difíciles en materia fiscal, previsional, tributaria, institucional y de seguridad económica. Y esa es precisamente la clase de error que suele cometer un país antes de descubrir que ya no era tan fuerte como creía.
El segundo, ¿nos traerán más amor severo, Kristalina Giorgieva para el World Economic Outlook previsto el 14 abril durante las reuniones de primavera? No se pierdan nuestro reporte especial desde el FMI porque al Perú, el momento actual todavía le ofrece una oportunidad. Los altos precios de los minerales, la baja deuda y la estabilidad monetaria dan margen para corregir. Pero ese margen no es infinito. El mensaje del Fondo, traducido sin anestesia, es que: el Perú está a tiempo de ordenar la casa, pero no podrá seguir presentando como fortaleza permanente lo que empieza a parecer más bien una prórroga.

