“Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre; unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento”
Que absurdo y presuntuoso resulta el empeño del hombre cuando quiere hacer, con sus teorías, un paraíso en la tierra, creando una sociedad perfecta donde todo funcione bien. Ya lo han intentado miles a lo largo de la historia y han fracasado rotundamente.
El hombre sin Dios está destinado a pelearse. Los más grandes líderes de la historia que no han contado con Dios registran en su hoja de vida conflictos, peleas y grandes desilusiones. El creyente no es que haga una sociedad ideal, lo que hace es escuchar a Cristo que dice: “Mi reino no es de este mundo”
Cristo viene para anunciar el Reino de los Cielos y le promete al hombre la posibilidad de poder llegar allí si cumple los mandamientos. Cuando el joven rico le pregunta a Jesús: “¿Qué puedo hacer para salvarme?” Jesús le responde de inmediato: “¡cumple los mandamientos!”
Con la cabeza en el Cielo
En la tierra estamos de paso. Jesús viene para traernos la Vida, ese es el fin nuestro y de todos los hombres. Dios es la Vida y nosotros tenemos que ir con la Vida a la Vida, o sea tenemos que ir con Cristo, que es la Vida, hacia la Vida Eterna, en el Reino de los Cielos.
La Navidad no es una fiesta pagana, no es la fiesta de los regalos o de la exaltación de los hombres. La Navidad es la llegada del que nos va a salvar para llevarnos a la vida eterna. La celebración de esta verdad milenaria depende de cada uno. Se trata de ver cómo recibimos a Jesús en nuestra propia vida.
Recibir a Jesús es estar atento a su palabra para seguir por el camino que Él nos indica. Allí está la libertad o sea la verdadera liberación de la esclavitud del pecado. Hoy asistimos a una sociedad esclavizada por los propios pecados de los hombres. Hay una auténtica esquizofrenia social. Lo que se dice y publica está infectado por los microbios de la miseria humana. Es por eso que necesitamos con urgencia al liberador.
La fe en el Redentor nos dará la auténtica esperanza, la que no falla, para ser realmente felices y libres, (P. Manuel Tamayo).
¡Feliz Navidad!