Mirar lo que está pasando, sin dejar de observar los antecedentes ideológicos de la izquierda –no de “las izquierdas” como algunos incrédulos piensan- es un grave error, porque para ese sector, la estrategia de acumulación de fuerzas (extremistas, radicales, ambientalistas, progresistas, caviares, académicos e intelectuales de moda, colectivos diversos, feministas no agrupadas, sindicalistas de eterna dirigencia, prensa militante, activistas rosados de gremios y empresas, internautas fanatizados, etc.) ha venido inmediatamente por efecto de la comprobación que la dispersión no ha funcionado y ha permitido que el liderazgo sea asumido por caudillos regionales sin planes ni objetivos de gobierno, siendo puramente logros electorales que corren el riesgo de perder la función principal: tomar el poder y no dejarlo.
El resultado de la primera vuelta en el Perú es consecuencia de una paradoja, no de una estrategia de izquierda: falló la suma de grupos que alquilaron la franquicia política de Juntos por el Perú llevando a Verónika Mendoza, falló la ambición desmedida de Tierra y Libertad del ex cura Arana, y en cambio, entró en sintonía inesperada Perú Libre, que sólo pretendía sembrar una plataforma congresal para seguir construyendo una opción “más pura”, marxista-leninista-maoísta-mariateguista, algo casi igual a lo que Sendero Luminoso trataba de generar pero apelando como paso obligado la lucha armada.
Perú Libre, Juntos por Perú, Tierra y Libertad ahora denominada Frente Amplio por la Justicia, Vida y Libertad, han optado por la vía electoral para cambiar todo el ordenamiento legal desde adentro, participando con lenguaje violento y a veces conciliador pero como máscara, dinamitando el diálogo y dinamitándose entre ellos también, llenos de odios y resentimientos, construyendo alianzas temporales y renunciando antes de tiempo, impulsando la cólera y las iras que son fáciles de activar, diseminando la demagogia más extrema, el populismo de la oscuridad que se vende como una faro de luces y algunos a veces creen que “tienen algo de razón” (eso es la envoltura ideológica).
¿No lo ven? ¿Por qué entonces todos estos grupos perdedores de izquierda se han subido al coche de Perú Libre? Muy sencillo, el desprestigio que provoca tener una izquierda radical, descompuesta al presentarse sin una plataforma de gobierno, sin planes ni proyectos de políticas públicas, ha obligado a “entrar a sumar y tomar el control de la ideas” (de la dispersión a la acumulación), frente a lo que es una innegable ausencia de liderazgo. No pueden permitirse que unos caudillos regionales hayan saltado más que los los ilustrados “limeñitos y oenegeros”, los acomodados de siempre. La cholificación ha ingresado con mucha fuerza a la dirección electoral de la izquierda y es peligroso que “esos” tengan el control, el poder o las ideas.
Perú Libre es una suma de panfletarios, asambleístas, bochincheros y agitadores expertos en marchas, enfrentamientos callejeros y pechaderas. Carecen de voces de respeto para decirle al pueblo que existen ideas y propuestas, que una movilización o una protesta no se queda en una foto donde se ve la pelea con los Policías (la represión) o la huelga de hambre, sino que tienen una plataforma, que existen iniciativas.
En tal escenario, los avales de Veronika y en mínima medida del ex cura, los independientes de izquierda que giran alrededor del gobierno y en el propio gobierno, las ONG militantes y plagadas de activistas, ven un peligro inminente que los polpotianos ganen las elecciones, porque ellos (sus primos hermanos negados) tendrían que ser los primeros en desecharse, así es el comunismo, eliminas a tus propios pequeños burgueses, ellos son el primer y principal enemigo si llegas a gobernar, porque son revisionistas, traidores en potencia.
Inteligentemente -ahora-, se unen en esta coyuntura electoral, aplauden y se las juegan pero no por Castillo y ese grupo denominado Perú Libre, sino por estar en la base de una plataforma inmediata: hacia la Asamblea Nacional Constituyente, ese es el objetivo de “todas, todos y todes” los de la izquierda peruana. Para destruir lo legal, hay que romper el mayor eslabón, la Constitución Política del Perú. Y así, así desarmas la súper estructura y generas tu plataforma, que como una economía, debe ser sostenible en el tiempo, dándole legitimidad y también legalidad.
No pretenden que Castillo asuma una victoria porque en realidad Vladimir Cerrón sería el todopoderoso, el primer ministro, y le temen terriblemente (recuerden la historia contada en anteriores columnas cuando hablamos del caso Dorticós- Fidel Castro). Así, Cerrón, el operador político, asumiría con súper poderes el premierato y arrasaría con el Congreso mediante medidas extremas pero de generación populista, donde no interesa lo “actualmente legal” sino lo “legalmente aplicable” desde la perspectiva revolucionaria. Así fue en Cuba, así fue en Venezuela con matices propios evidentemente, también en Nicaragua y tantos otros lados, pero muchos, demasiados genios del análisis político no la ven, porque no leen, porque creen que si se les gana a los de la izquierda todo podrá ser manejable, y no es así.
Entonces, el miedo a una polpotización del país, es un riesgo que los caviares en especial no se pueden permitir y por ello ahora se arrodillan a Castillo por estar en la foto, eso es lo único que les importa, porque no suman nada, pero se sentirán dueños del triunfo o del avance y exigirán sus cuotas de poder hacia el proceso constituyente que todos ellos ambicionan y que, me apena decirlo, sería aprobado por las fuerzas democráticas tontamente, como siempre ha sucedido en estos escenarios.
Esa es la realidad que no quieren ver los “mismos tontos de siempre”.