La telenovela se repite una vez más y en menor tiempo, los protagonistas son los mismos otra vez (un presidente y su séquito en la noche), la oscuridad está acompañada con ropa que cubre al “no quiero que me identifiquen”, al irresponsable que con su cargo y poder temporal se siente por encima de los ciudadanos, teniendo el deber de mostrar siempre transparencia, verdad y honestidad, pero a estas horas volvemos a lo mismo de siempre pero peor, porque el señor Jerí ha actuado mal, ha mentido, ha vuelto a mentir y está insistiendo en mentir, usando una cubierta de nula credibilidad al afirmar: “he cometido un error”, cuando se trata de parte de un delito que se va a conocer, de todas maneras se va a conocer y llevará la carga de la pérdida de confianza ciudadana, como un elemento de mayor condena ahora y en el futuro.
¿Se puede ser tan irresponsable para cometer las mismas estupideces que sus antecesores y peor aún, salir a dar burdas explicaciones como si la ciudadanía compartiera “como si nada” esas inconsistencias y burlas a la razón? ¿Un irresponsable presidente, que gozaba de un amplio espacio de confianza y tranquilidad para “déjenlo hacer algo”, se inclinó a considerarse inmune e intocable “por ese momento temporal” que puede acabar en cualquier momento, es decir, su perdurabilidad en el cargo va de la mano con la perdurabilidad de la confianza ciudadana y no podía ni debía seguir el pésimo ejemplo de sus colegas en esos menesteres tan criticables? ¿Se cree Jerí su discurso de disculpas, que son insostenibles por la ausencia de credibilidad proyectada en una deslucida lectura de teleprompter? Y la gran pregunta del peruano decepcionado de los políticos, engañado por los políticos, muy estafado y maltratado por los que abusan de sus cargos y funciones públicas: ¿Porqué Jerí, porqué decepcionar a los que te cedieron inmerecidamente confianza?
Jerí ha matado imagen y posición, ha engañado y humillado la verdad. Además, está comprometiendo al ministro del Interior y a su equipo de seguridad (que no tiene ninguna obligación de cuidar a quien trasgrede la Ley).
Los sucesos son de condena, las excusas justifican la condena. Qué pena que estemos camino a otra vacancia y si se le perdona, a otra temporada de impunidad.

