Resulta natural, aunque la palabra sea incómoda, que la multitud de partidos y la avalancha de candidatos a la presidencia, la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputados y el Parlamento Andino se crea hoy en día, en la red social que usen y en cuanto medio existe (escrito, radial, televisivo, virtual y hasta callejero con megáfono) que son ellos y solo ellos los constructores y dueños de la verdad. En ese sentido a la fecha hay varios que se están quedando sin balas, sin pistoleros y sin reservas o mejores rostros en sus peleas, así como hay bastantes que se quedan en silencio prudente, estratégico o es que no tienen nada que hacer ni que decir.
Están y no los vemos, están y parecen esperar errores ajenos para salir a dar la cara y el grito; no lo entendemos, pero lo evidenciamos, el Perú está invadido de piratas de la democracia y filibusteros de la Libertad, que anidan en partidos políticos “cáscara”, puro hueco en las mentes y puro vacío en el respaldo moral. Pero están allí y no los vemos, aunque ellos nos acechan para engullirnos en una dieta de populismo y demagogia.
Este río electoral no trae buenos dividendos al ciudadano, al contrario, es un desfogue de miserias enfrentadas creyendo que hacen del odio, la campaña por un voto y lo van logrando es alejar la verdad, la razón y el sentido de participación ciudadana hacia el rechazo y la indiferencia, creando espacios de indecisión que finalmente son los motores del fracaso porque muchos no quieren ir a votar el día de las elecciones “para qué”, otros anulan su voto, muchísimos lo dejan en blanco y lo que queda -que no es poco, pero resulta muy dividido- resulta al final la legitimidad del error.
Ir a votar, decidir por quién votar, presionar al que gane y a los que sean una posibilidad de oposición racional; ser opositores valientes, constantes, decididos, asumir un rol ciudadano permanente… ese es nuestro sacrificio o condena. Yo prefiero proclamarlo como entrega a cambio de una mejor democracia, de una mayor Libertad.

