El Perú anunció oficialmente el mes de marzo pasado, la candidatura de la embajadora Ana María Sánchez, la primera diplomática de carrera nombrada ministra de Relaciones Exteriores del Perú -puesto que ocupó entre los años 2015 y 2016- al cargo de secretaria general adjunta de la Organización de Estados Americanos (OEA) para el periodo 2025-2030. La prestigiosa diplomática de carrera, cuenta con una destacada trayectoria profesional vinculada con la integración, la cooperación regional y el desarrollo económico.
La embajadora Ana María Sánchez es una funcionaria con notable experiencia en gestión pública, administrativa y de presupuesto, lo que sumado a su demostrado compromiso con los principios y valores fundamentales de la OEA, la posicionan como una candidata idónea para fortalecer el rol y la respuesta de la organización en un contexto de desafíos globales y regionales.
De ser elegida la embajadora Sánchez, se convertiría en la primera mujer en ocupar este alto cargo en los últimos 40 años. Asimismo, su destacada práctica profesional, incluyendo su rol como Alta Representante del Perú ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, aportarían un enfoque renovado a la agenda de la OEA.
Dicen esto los objetores de las oenegés:
“Las organizaciones de la sociedad civil firmantes expresamos nuestra preocupación ante la candidatura presentada por el Estado peruano a la Secretaría General Adjunta (SGA) de la OEA, cuya elección está prevista para el próximo 5 de mayo de 2025 y es por el momento la única candidatura formalizada. La OEA es un organismo construido sobre cuatro pilares esenciales: democracia, derechos humanos, seguridad y desarrollo integral. La SGA desempeña un papel clave en la promoción y articulación de estos mandatos, al coordinar decisiones políticas, supervisar programas técnicos y de cooperación, y fortalecer el diálogo entre los Estados miembros y de espacios clave como la Asamblea General. Asimismo, la SGA lidera los esfuerzos institucionales para promover la participación efectiva de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) en los procesos multilaterales de la OEA, coordinando diálogos temáticos y regionales, junto la Sección de Participación de la Sociedad Civil, y articulando su voz en foros como la Asamblea General, la Cumbre de las Américas y las reuniones del Consejo Permanente”
Y aquí viene su pretendido argumento contra la candidatura de la primera mujer aspirante al cargo de Secretaría General Adjunta de la OEA:
“En este contexto, y sin significar un análisis sobre las calificaciones de las personas nominadas consideramos importante reflexionar sobre el compromiso de los Estados que aspiran a ocupar cargos de alta responsabilidad dentro de la organización con los valores que fundamentan sus objetivos y pilares. La presentación de una candidatura a un puesto de esta naturaleza debe ser coherente con las políticas nacionales e internacionales del Estado postulante, en particular con aquellas que promueven y protegen los principios que dicho cargo está llamado a defender”.
Se equivocan las oenegés activistas en su comunicado tan sesgado y manipulador. El Estado no aspira al cargo, porque “la Oficina del Secretario General Adjunto está comprometida con el empoderamiento de la próxima generación de líderes en las Américas. Una de sus iniciativas emblemáticas es el Modelo de Asamblea General OEA (MOEA). Este programa ofrece a estudiantes universitarios y de secundaria una plataforma única para participar en simulaciones diplomáticas y debatir sobre temas regionales y globales de actualidad, equipando así a los jóvenes con las habilidades necesarias para convertirlos en contribuyentes activos e informados en sus sociedades. Esta oficina también apoya de manera decidida a agencias claves afiliadas a la OEA como la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), el Young Américas Business Trust (YABT), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entre otras”
Una Diplomática de carrera, destacada profesional, con una hoja de vida limpia, que aspira a tan alto cargo, lo hace para cumplir lo que el puesto indica y exige, no lo que el gobierno de su país, el de ahora o el siguiente o el subsiguiente, le ordenen.
La Secretaría General Adjunta NO depende, como tampoco dependería la Secretaría General de la OEA, de los dictados, posiciones, reacciones o directivas del gobierno de un país.
Es inmerecido el daño que se pretende contra una Mujer cuya posibilidad de asumir tan importante cargo, es a la vez, un reconocimiento a la carrera diplomática de las mujeres peruanas y de toda América en su conjunto.