¿Puede una nación ser estable por su inestabilidad? Por supuesto que sí, eso es lo que sucede en el Perú del siglo de la oscuridad, el silgo XXI que parece de adolescencia y no de la madurez republicana, bicentenaria pero no se sabe en qué. Entonces viene la pregunta: ¿Cómo se hace para subsistir en la inmadurez de una nación que está en retroceso constante, que se concentra apasionadamente en la necesidad de herirse a sí misma para sentir que está viva todavía? Es inentendible para muchos historiadores y sociólogos empecinados en coincidir sus hipótesis con la realidad, pero para quienes estudian un poco más, para los antropólogos y peruanistas, lo que ocurre es que nos seguimos lanzando al remolino del caos porque tenemos un gusto reconfortante por la estupidez. Así de duro y simple.
¿El país, su gente, es suicida? Es ardorosamente entregada al patíbulo que autoconstruye, no existe ninguna otra explicación, salvo que se quiera negar lo evidente, sino ¿por qué no se reacciona? ¿por miedo? ¿por costumbre? Tenemos 34 candidatos presidenciales y no es culpa de una Ley absurda, es producto de la irresponsabilidad de no participar como ciudadanos, de haber caído en la indiferencia cívica, de haber adoptado el “laissez faire” para que los políticos destruyan las bases sociales, educativas, económicas y culturales que se han transformado en nuevas formas de sobrevivencia, que aceptan el desorden y el caos como un nuevo “orden”.
Como podrán observar, estamos adoptando la irracionalidad como “la razón de ser” y de esa forma se sigue en otras situaciones: la coima de un poquito, digamos S/ 10, ya no se dice que es coima, sino “una ayuda”. El pago a un mal elemento policial es parte de “lo normal”. “Bajar unos billetes” para un servicio público sin hacer colas, es la costumbre. Pagar entre 10% y 20% del valor de una obra para obtener la Buena pro… “es así”. Normalizamos el delito porque es un nuevo ADN. La corrupción está en nuestras vidas diarias y el peligro es que la impunidad la está reemplazando rápidamente, con lo cual, la explosión social puede estallar en cualquier momento. ¿Lo ven?
Lo contradictorio se ha hecho costumbre, el daño se hace permanente. Sin esas características nuestra nación no sería lo incomprensible que es. Y de allí concluimos: Si no hubiera inestabilidad política, el Perú dejaría de ser tan predecible en su estabilidad, por inestabilidad.
Amigos y no amigos, el fin del mundo nunca va a llegar al Perú, porque siempre habrá algo peor que sabremos sobrellevar.

