La Región Puno es un símbolo del carácter forjado ante las adversidades y también, representa una marcada influencia de sentir al Estado como el primer protector, como la ventana de empleos, la caja de recursos que no llegan a los bolsillos de los ciudadanos y no ayudan a las mesas de los comedores de las familias y los estómagos de los niños. Una Región que se siente abandonada y se molesta, una Región fría que no observa hacia adentro, hacia los mayores responsables de su atraso y vulnerabilidad: sus autoridades (elegidas por ellos mismos).
Los puneños están identificados en aimaras, quechuas y los que no son de ninguna de esas poblaciones, pero actúan como puneños en todo el sentido de su derecho e identidad. Los puneños reaccionan, como deberíamos hacerlo todos, cuando las injusticias y los abusos se imponen a la Libertad y la justicia. ¿Es eso malo? No, lo que ocurre es que quienes toman el liderazgo o asumen como rostros dirigenciales, son operadores extremistas que abusan “de la buena bondad” de la población y saben que pueden someterla a riesgo de sus vidas inclusive.
Los extremistas han dominado al pueblo y a sus organizaciones, mediante el cambio subliminal de costumbres para la toma de decisiones. Así, las asambleas populares no reflejan la voluntad popular, sino la imposición y la orden de los dirigentes manipuladores. Si los ciudadanos rehabilitaran los modos, procesos y costumbres de palabras, respeto y acuerdo de sus asambleas, ni uno solo de los operadores de las izquierdas extremistas podría subsistir (no lo ajusticiarían, lo expulsarían de la Tierra sagrada).
Conozco muy bien la Región Puno, es uno de mis objetivos de servicio y atención preferencial. La población de la zona aimara -los aimaristas- son especialmente cercanos y no conocemos de peleas, de celos o advertencias si es que discrepamos en una conversación de política, por ejemplo. Dialogamos largamente, sin aburrirnos ni pensar que la posición que adoptemos en conjunto ha derrotado la posibilidad de equivocarnos y en esto, los aimaras son un ejemplo de construcción de paciencia y acuerdos sólidos, no son “asesinos” ni “rebeldes agresivos” que hacen de la violencia una respuesta. Si los provocan, hablan, insisten en hablar, ceden posiciones para hablar y es en ese punto que los hábiles manipuladores activistas de las izquierdas del odio se aprovechan sobre la bondad y la humildad puneña, aimara, quechua, peruana cien por ciento. ¿No lo entienden?
Los aimaras están unidos por más de 600 comunidades campesinas, unidos en compartir tradiciones y esfuerzos para proteger esas tradiciones y esfuerzos. Los compatriotas aimaras, mis hermanos “gilatas” tienen un inmenso sentido de cooperación sin interés (ayudo porque me ayuda al ser aimara, me auto identifico con cada hermano).
He estado leyendo estos meses algunas mentiras, burlas, menosprecios y ofensas a los aimaras, a los puneños, a gentes nobles de pueblos humildes que no son nada agresivos ni vengativos, al contrario, llevan en sus venas el dolor del sufrimiento y del abuso contra ellos y si sienten que deben hablar, pues sencillamente deben hacerlo y lo harán como a ellos les merece hacerlo, no como les exigen los medios de comunicación militantes (emisoras radiales hasta de la Iglesia católica que irrumpen con mentiras y estimulan el resentimiento y agresividad).
Les comento estas visiones porque vengo sosteniendo que la rebelión aimara y la rebelión quechua están siendo moldeadas por miles de jóvenes puneños (quechuas y aimaras) y en estas elecciones se evidencia: el “castillismo” que se maquilló con el sombrero del golpista convicto, gritaba todos los días que Puno era su bastión, ya que en las anteriores elecciones logró cerca del 50% en la primera vuelta y alrededor del 89% luego. Sin embargo, ahora ha caído al 23% a pesar de la millonaria campaña desarrollada con una infraestructura nunca antes vista. ¿quién ha financiado los desplazamientos en decenas de camionetas 4 x 4 y buses de lujo, cantantes y orquestas?
Y si le añadimos a Juntos por el Perú el partido de Atencio, raspan el 28%. Es más, los votos de Belmont, López Chau y Lezcano suman 39% y ellos no son grupos extremistas. Puno está volviendo a ser una Región que si bien fue golpeada por los gobiernos de Humala, PPK, Vizcarra, Boluarte y sus hijos adoptivos Jerí y Balcázar, fue con Castillo y su ministro Roberto Sánchez que perjudicó los ingresos por Turismo, quebraron pequeñas empresas del rubto y no hicieron nada en educación agua, salud y seguridad ciudadana.
Los jóvenes de Puno están construyendo un liderazgo que se consolida hablando, educando, compartiendo en la mesa con sus familias y en las aulas con sus compañeros; ellos, los jóvenes, con alegría y convicción seguirán por la ruta de la rehabilitación de la imagen y poder ciudadano consciente de la Región Puno, origen de nuestro extraordinario Imperio Inca.
