El mayor mentiroso es el que hace de lo miserable, el camino turbio para su pandilla, a fin de llegar al poder y desde allí, completar una serie de acciones “revolucionarias” cuyo objetivo es la permanencia ilimitada que se hace un reinado de la represión -legal o ilegal- que legitima su perdurabilidad. Llegan al poder, rompiendo la estructura legal que utilizan (descrédito, desinstitucionalización) y cuando el engaño funciona perfectamente, pasan etapas secuenciales donde la traición es lo común y el supuesto entendimiento pasa a ser la imagen de perfección, unidad, grito de lucha “ni un paso atrás…” y mil historietas conocidas (al final, siempre divididos).
La derecha o las derechas que no se proclaman en esa dignidad lo saben, pero miran de lado porque pierden tiempo analizando -si es que no llegan a respuestas inmediatas- y la izquierda o las izquierdas siguen su vía.
Hay una extraordinaria ineptitud compartida en la política peruana, hay una fabulosa tendencia al absurdo y de esa historia llena de histerias, se aprovechan los extremistas de las izquierdas porque son los más preparados y los más conscientes de su tiempo (que se les acaba). ¿Y la derecha? Sigue mirando, con un “no pasa nada”.
En el Perú hoy, como ayer y antes de ayer, un robot mecánico, sin sentimientos humanos ni valores morales, un fanático quiere el poder para asegurar la debilidad manifiesta de las izquierdas del odio: imponer la corrupción como el camino revolucionario y la impunidad como el paraíso de sus atrocidades. Vienen a desfalcar, imponer un “nuevo orden, en una nueva sociedad” donde instalados y asegurados presentan al partido socialista como la versión moderada ante la opinión pública, del partido comunistas marxista leninista y “mariateguista”. Luego se da la versión dictatorial ampliada, los actos represivos comunes, la censura a los medios -quizás su expropiación, imposición de una línea sometida al gobierno de forma fanatizada-, intervención en grandes empresas privadas que no hicieron nada para evitar que se llegue a ese momento, castigo a las clases medias y emergentes con el aumento de la carga tributaria que castigue todo y en todo. No es el apocalipsis por si acaso, esto es el inicio.
¿Puede el Perú llegar a ser una nueva Cuba, otra Venezuela chavista? Ustedes tienen la respuesta, yo aseguro el final para que después me digan lo que ahora me gritan: “no pasa nada”.

