Hay una especie de frase que se hace costumbre expresar cuando aparece un pequeño o gran miedo antes de dar una opinión: “de repente les molesta a algunos, pero”. Esa es una práctica de tiempos oscuros que se debe desterrar, porque la Libertad de Opinión no se limita por la alegría, tristeza o malestar estomacal de quienes no piensan como uno, eso es algo absurdo que ya se debe dejar de lado. Hay que decir lo que uno piensa y hacer que la Libertad funcione para todos y en todo momento, si se quiere, discrepando; si se quiere, afirmando; si se quiere ignorando; y si no se quiere debatir, pues así será y que bueno. Es tiempo por eso, de cambiar la maldad del ambiente, el caos de la escena, la pelea de creer que los demás son contrincantes que te odian y te quieren dejar de lado o peor aún, humillarte y enterrarte. Es tiempo de derrumbar a “los censores de la nueva verdad”, esos vanidosos y soberbios bebedores del erario público que se ponen por encima de la razón, de la Ley y de la Constitución, para decir lo que uno debe de decir, para que no pensemos porque les resulta ofensivo, peligroso, repudiable y que los pulverizaría en sus intereses y dominios; para estar sometidos a la dictadura de los medios de comunicación y los millonarios templos de las ONG y los grupos activistas de las izquierdas del odio.
Durante décadas hemos pasado de ser tolerantes a aceptantes arrodillados en silencio; es inadmisible y por eso, la ciudadanía ha despertado para frenar el abuso político de las terribles izquierdas del odio. Ese cambio racional y de valentía, ha sido fruto de largos momentos en los que la escena política y mediática estaba bajo el dominio de intereses relacionados con “tener el poder, pero bajo presión”. Se reemplazaron en gran parte los grupos de poder, para activar los grupos de presión ideologizados desde pequeños cárteles regionales y pequeños grupos dirigenciales que se apropiaron de gremios y de colegios profesionales para dominar donde jamás lo harían. ¿Y cómo sucedió tan extraño golpe? Por una absurda definición sobre la “democracia y participación”, permitiendo que la ignorancia escale a niveles de decisión, generando un país de mediocridad abismal.
Hoy, ¿la ciudadanía ha derrotado esa ignorancia y esa mediocridad? No, es un primer golpe de bondad el haber ganado el país, apoyando a Keiko Fujimori y Fuerza Popular, como lo es también, haber apoyado a Renovación Popular, porque son los dos únicos partidos estructurados y organizados a nivel nacional, a diferencia de los 33 restantes y, si actualizamos, a diferencia de los 48 restantes que van a poder competir en octubre en el proceso electoral regional y municipal, abundando la fragmentación política que es reflejo de la fragmentación del Perú.
El Perú no está dividido en dos, sino en decenas o centenas de partes que no están enfrentadas, sino separadas.
¿Qué hacer para no vivir cada uno en su isla, teniendo la posibilidad de ser un territorio extraordinario, unido en sus objetivos y a la conquista de su felicidad? Es muy simple y es para valientes: No nos podemos acostumbrar a convivir con extremistas de las izquierdas del odio tentando usurpar el poder, por eso la participación electoral -en política- requiere anclajes muy sencillos que la legislación debe incorporar, a fin de proscribir el veneno social y político, de perversidad ideológica y antipatriótica que significa el comunismo y sus variantes maquilladas.
Hay que rehabilitar la Democracia, rehabilitando la política. El primer problema del Perú es la educación. Ese es el objetivo supremo para la Libertad, ahora, en el Perú: la educación libre de ideologías del odio y violencia, como la palanca al progreso y al desarrollo, hacia una Democracia fuerte que nadie pueda resquebrajar ni debilitar.

