El perdedor, cuando escapa a la razón y se mira derrotado creyendo que antes de las elecciones ya había ganado y por muchos votos más que todos sus contendientes, inicia cada día de su contradictoria vida política haciendo llegar a diversos juzgados y tribunales, recursos, apelaciones, denuncias, gritos y lamentos, visitas de indignado a los medios que le son afines y por supuesto, en la práctica de las izquierdas del odio, acuden a varios organismos internacionales para exigir, esa es la palabra que usan indebidamente -repito- para exigir que se ordene nuevas elecciones y se quiebre el debido proceso electoral donde sus personeros no presentaron en Mesa ni una sola observación sustentada de irregularidades, fallas o inconvenientes que pudieran cursar como elemento de fraude o graves hechos lo suficientemente escandalosos para una revisión total de los votos que emitieron millones de ciudadanos.
La locura, amigos y no amigos, procede de la sinrazón y se alimenta de componentes tan diversos como el odio, la ira, el resentimiento, la envidia militante en ideologías violentas -como el marxismo- que no logran ser fuente de unión ni solidaridad, sino de subversión en el más amplio sentido de la palabra y finalmente, de terrorismo.
Por ello no resulta exagerado ver el camino siniestro que quieren “construir a empujones y víctimas” los grandes perdedores de las elecciones: decenas de partiditos de izquierda, colectivos de fachada, restos de algunas ONG que son máscaras de folletos y panfletos de envejecidos pensamientos “académicos” y por supuesto, los medios de comunicación que han construido por décadas, la destrucción progresiva de la democracia y la Libertad.
Estamos hoy, lunes 6 de julio de 2026, iniciando otra semana más donde el perdedor absoluto no tiene el valor de reconocer su derrota, sino que alienta ensangrentar al país. ¿Lo vamos a permitir?
