El candidato Roberto Sánchez afirma que la gestión de las reservas internacionales que administra el BCRP, bajo la dirección de Julio Velarde, ha sido deficiente debido a “mantener solo un 5% de las reservas en oro”. El candidato desconoce tres criterios fundamentales para la administración de las RIN, que buscan preservarlas y contar con liquidez, con el fin de minimizar los riesgos financieros que podrían afectar el valor y la disponibilidad de los recursos.
El candidato afirma que “nuestros -países- vecinos y sus BCR mantienen un 30%, 35% o 40% de sus reservas internacionales en valor oro y solo el Perú tiene un 5%”. Además, menciona que “si hace 5 años, cuando el precio del oro estaba a mitad de su precio actual, Perú hubiera tenido un 20% y no 5% en oro, hoy tendríamos US$ 20,000 millones más en reservas”.
La influencia política en la administración de la política monetaria, conducida por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), no está permitida por la Constitución, que en su artículo 84 establece la autonomía del Banco, cuya finalidad es preservar la estabilidad monetaria. Además, el artículo 71 de la Ley Orgánica establece que, para la administración de las reservas internacionales, el Directorio considera criterios técnicos de seguridad, liquidez y rentabilidad de los activos que las componen. Esto último está respaldado en recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Más allá del marco legal y las mejores prácticas internacionales que sigue el BCRP, conviene centrar el análisis en lo que el candidato critica como “una ineficiente gestión de las reservas”.
Al cierre de febrero de 2026, el 73% de las reservas internacionales está invertido en valores; el 21%, en depósitos; y el 6%, en oro. La administración de las reservas sigue los tres criterios técnicos, en ese orden de prioridad: (1) seguridad; (2) liquidez; y (3) rentabilidad. Es decir, el BCRP considera prioritario preservar el capital y garantizar la liquidez de las reservas. Solo una vez cubiertas dichas condiciones, se busca maximizar el rendimiento de los activos internacionales.
En la región, Bolivia, Ecuador y Argentina apuestan por un elevado porcentaje de sus reservas internacionales en oro. El resto de los países mantienen posiciones cercanas al 10% e inferiores. Países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), como EE. UU. y Colombia, tienen un 4.4% y un 1% de sus reservas en oro, respectivamente, de acuerdo con información de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés)[1] y el Banco Central de Colombia.
Asimismo, la reciente experiencia de dos economías latinoamericanas con una alta proporción de oro en sus reservas internacionales esclarece la insostenibilidad de esta medida. Por un lado, en el caso de Ecuador, una auditoría realizada en 2023 con participación del Banco Mundial y el Banco Internacional de Desarrollo (BID) concluyó que mantener un nivel del 40% de las reservas en oro, en ese momento, le generaba un exceso que afectaba la liquidez del portafolio de sus RIN. Esta liquidez es fundamental para respaldar las operaciones del sistema financiero. Así, el Banco Central de Ecuador (BCE) tuvo que vender 241,000 onzas troy para transformarlas en activos más líquidos.
Por otro lado, Bolivia muestra una versión más extrema del mismo problema. Al 31 de marzo de 2026, el valor de las reservas de oro alcanzó los US$ 3,432 millones, lo que equivale a que el 95% de las RIN se encuentran concentradas en oro. El FMI ha manifestado que esta composición representa una vulnerabilidad extrema para la economía boliviana, ya que el predominio de activos no líquidos limita la capacidad de respuesta inmediata ante choques externos. Recordemos que el FMI, en sus directrices sobre Reservas Internacionales y Liquidez en Moneda Extranjera, trata el oro y las divisas como categorías distintas porque el oro requiere procesos de conversión para ser utilizable, y su precio (que cayó más del 26% en pocos días a inicios de 2026), puede erosionar drásticamente el valor de las reservas justo cuando el país más las necesite.
En ninguno de los dos casos la concentración en oro ocurrió de forma repentina, sino que fue el resultado de un proceso gradual. Precisamente por eso, el riesgo no aparece solo al llegar a umbrales como el 40% o el 95%, sino que se va acumulando a medida que la tenencia de oro en las reservas de un país desplaza a activos líquidos. Esto es especialmente relevante si se considera que, como señala el propio BCRP, el oro no forma parte del tramo de disponibilidad inmediata, es decir, aquel destinado a intervenciones que pueden ejecutarse en el corto plazo.
El enfoque y la estrategia de gestión de reservas del BCRP se alinea con los estándares internacionales promovidos por el FMI y la OCDE. Bajo la dirección de Julio Velarde, se responde a una secuencia técnica claramente definida, en la que la rentabilidad solo se busca después de asegurar la solidez y disponibilidad de los recursos internacionales. Como advierte la OCDE, la verdadera prueba de una gestión de reservas no se mide en tiempos de calma, sino en la capacidad del Estado de cumplir sus obligaciones en escenarios de tensión financiera; y, en ese contexto, un portafolio concentrado en oro pierde margen de maniobra.

