En el colegio nunca faltaban los que se creían ganadores por imposición, porque eran dueños de la pelota y se ofuscaban cuando les hacían muchos goles o simplemente, nunca faltaba el pretencioso que todo lo sabía y nada se le escapaba de sus dominios, sea porque le daban buena propina y la lucía invitando a unos y no a otros, o tal vez, era el más “grande” ignorante cuyos puños sabían más que su cerebro apagado. Era así, había de los buenos y de los no tanto, era el mundo increíble del recreo, los exámenes y los talentosos que sabían cómo copiarse sin estudiar, usando técnicas de lo más “007”, con audacia e inteligencia que no usaban para estudiar. Paradójico.
El Perú es igual ahora y lo fue siempre. Es como un gran colegio donde unos aprovechan para estudiar y hacer amigos, otros aprenden de los maestros o de los sabuesos, algunos destacan por sus habilidades y cualidades, pero todos en suma, son parte del mundo educativo, donde la enseñanza no está para que aceptes, sino para que la aprendas y practiques secuencialmente, creciendo, venciendo (como la enciclopedia escolar) y dando un mejor ejemplo a los demás. Esa secuencia se ha detenido en el tiempo y en la razón; sobrevivimos en un país de broncas de barrio y peleas de esquina, a chavetazos, odiándonos.
Estamos a merced de dos organismos electorales fracasados que son dirigidos por gentes fracasadas: la ONPE y el JNE, algo así como dos verdugos ocupando sus esquinas para subirte a la horca, mientras el otro la justifica.
Y estamos a merced de los que no saben que más hacer por demostrar algo evidente como el fraude, pero que no saben cómo demostrarlo, en qué niveles, bajo qué procedimientos y trámites o comunicaciones. Caen en el mundo de la pelea tribal y ven a los demás como enemigos permanentes “si es que no están conmigo”.
Las elecciones se sabía que estarían en manos de los piratas de la democracia y muchos cayeron en la trampa de esperar para denunciar… en desorden. Y eso, les hizo caer en la escena de enfrentarse y no evitar el descrédito y la indiferencia masiva de la ciudadanía que repele las peleas y exageraciones. Sí, exageraciones de argumentos, de acusaciones y de pataletas que jamás deben de darse. Hay que ser inteligentes hasta para señalar y evitar el robo, porque si solamente gritas, nadie te escucha, nadie te cree (recuerden la fábula del pastor mentiroso).
Hoy en día estamos como en el recreo del colegio esperando la campana para entrar a clases, al examen final.
Hoy en día estamos más indiferentes que nunca, más despreocupados. Nos están haciendo creer que si Sánchez logra ser presidente se le sacará en unos meses (otra vacancia más, qué importa). Pero cuidado, la reemplazante de Sánchez no es Dina Boluarte sino mucho peor y el siguiente en la lista de sucesiones, terriblemente peor. ¿Lo sabían, leyeron, preguntaron? Tendríamos en el mejor de los casos, unos dos años bajo el reinado de la izquierda más extremista, sustentada por la caviarada más alienada y resentida que solamente los usaría un tiempo para ocupar ministerios, embajadas, organismos públicos, el BCR y cuanta estructura estatal les permita “más dinero”.
El panorama no está lejos, somos parte de la película que se está rodando, donde no hay horizonte sino un gran incendio, donde tenemos agua suficiente para apagarlo, pero estamos aburridos de ir por las mangueras, porque ser bomberos no es nuestra tarea (imbéciles). Y no somos bomberos, somos incendiarios añadidos. Somos malos perdedores, pésimos ciudadanos ¿se dan cuenta?
El Perú nunca ha estado tan expuesto a su mayor desastre político, social, económico y productivo. Parece que las canciones que nos unían ya no resuenan en el alma perdida de los que odian y no saben perdonar ni pedir perdón. No importa, aún hay gentes buenas queriendo hacer cosas buenas por el Perú y en ellas, en nosotros estará otra vez la esperanza del Voto Ciudadano que no se rinde ante la ultraizquierda y sus medios activistas.
El Voto, ese es nuestro Poder y si no lo ejercemos bien, seguiremos cuesta abajo, peleando, perdiendo. Hay que ganar con muchos votos, no con mínimas diferencias, esa es la tarea permanente en democracia. Y hay que dar apoyo a quien está primero, porque le toca ese rol y nuestra responsabilidad es fortalecer ese liderazgo.
No le hagan caso a los que dividen y desconocen la fuerza de la peruanidad, no le hagan caso a los que lloran sus apuestas y claman por violencia, pero usando tu vida, tu familia, nuestra Patria.
Creo que algo bueno puede pasar, si somos más los que coincidimos, que los que nos dividen.
