Una vida sin impacto, un recorrido político sinuoso, un rostro que esconde decenas de caras que antes ha ido usando en su penosa trayectoria de no hacer nada, de no ser nada, nunca dar ejemplo. ¿Y así fue candidato a la presidencia de la República? ¿Y así, los múltiples grupos de las izquierdas le dieron su respaldo de rodillas en la segunda vuelta para perder abrumadoramente frente al Voto ciudadano que lo rechazó y condenó? Es que en el Perú existe un espacio -aún muy grande- donde la estupidez y la ignorancia están presentes y lideran el sentir de masas acostumbradas al engaño y la mentira constante, como si fuera la vitamina de su existencia social.
Eso es lo que hace atractivo y rentable a las izquierdas del odio para “meterse de lleno” en las mentes vacías de millones que, ausentes de lectura, sin educación ni formación, llenos de resentimientos y envidias, caigan en la escuela del odio y la universidad de la ira, en el sindicato de la condena, el colectivo de la venganza y quien sabe en cuantas redes sucias, agresivas y violentas de la telaraña marxista que se olvida de dar su nombre y esconde sus alcances: leninista, maoísta, senderista, martaca, chavista, bolivariana, plurinacional…¡tanta basura ideológica!
Al minúsculo perdedor de la extrema izquierda se le está viendo otra vez como el minúsculo agitador del odio que lleva en su asquerosa forma de hacer “política” un lenguaje resentido. Sin embargo, se le voltean los que lo veían en el estrado y tenían que sostenerlo “gota a gota”, porque ahora ellos, logrado su objetivo de estar en la Cámara de Diputados o en la Cámara de Senadores, ya no lo ven igual y no quieren pagar su lujuriosa vida de placeres, viajes en primera clase, menús de cientos de soles y lavado de ropa a precio de traje nuevo. Y es que el tal “candidato” no es, nunca fue y jamás será un líder nacional. Por eso no lo respetan, no lo admiran, porque no es nada, no es nadie y no lo será. Carece de preparación, no sabe hablar, no hila un pensamiento porque… esa es la izquierda.
No se le conoce ni una sola Ley en favor de los pobres, ni una sola propuesta suya que promueva empleo, mejor educación, más salud, defensa de la integridad y soberanía nacional, desarrollo regional y comunal. ¿Qué hizo en el Congreso? ¿Lo mismo que en el ministerio? Con razón ahora han salido numerosas evidencias de su recorte de sueldos a sus camaradas.
Fíjense bien. Ayer el presidente de la Cámara de Diputados -un Oficial de las Fuerzas Armadas, aliado de los que mataron a decenas de miles de peruanos- anunciaba algunas acciones de su alianza extremista y a un costado se encontraba el que dice ser ahora “empleado del Congreso” y al finalizar la corta explicación, Don Nadie o mejor dicho Don Nada se acercó al micrófono para hablar, pero fue inmediatamente separado porque no es Diputado ni Senador, no debía estar allí, pero en su vanidad y auto percepción marxista leninista, este comunista cree ser el vocero “de esos congresistas”, siendo el empleado fantasma de ellos. Ya no figura, no es necesario, llego su fin.
Amigos y no amigos: ha acabado el capítulo de la telenovela roja y su estrella también roja debe volver al mundo subterráneo de los roedores de la democracia, aquellos que rascan en las cañerías ideológicas del desagüe que las acoge.
El protagonista no sigue en cartelera y no se da cuenta, pero en unas semanas más, cuando no le den más dinero, se irá llorando al estercolero comunista de siempre, junto a los parásitos del odio.
