En el Perú de este siglo de la oscuridad (y deslucidos protagonismos) hemos visto nuevamente que el destino no tiene ubicación en el final del desagüe histórico, sino que hay más al fondo, mucho más que en una fosa gigante de oscuridad casi eterna, porque desde allí surgen decenas sino miles de candidatos a cualquier posición pública en los niveles que se pueda colocar (gobierno nacional, regiones, alcaldías, organismos públicos… Petroperú…). Es una gigantesca organización de posibilidades laborales sin cumplir un trabajo, una corte de licitaciones donde se puede ganar en curso libre por las rutas de la irregularidad sin caer en la ilegalidad a fin de que todo “sea igual” y nada cambie, sino se haga peor, ante los ojos del país que no están nublados, sino entumecidos de ira.
Hemos tenido 36 candidatos a la presidencia de la República y treinta candidatos, de treinta “partidos cáscara” se han enterrado en cuevas de mudez, en cavernas como escondites, en catacumbas… pero, preguntamos ¿ellos, no eran los que iban a gobernar? ¿no decían día y noche que eran el pueblo y ganarían en primera vuelta inclusive?
Sostuvimos, pagamos, financiamos con más pobreza un proceso electoral malintencionado, sucio, manipulado a fin de derrotar directamente a un candidato que se compró el boleto del odio masivo (de los partidos, medios y ciudadanos que no lo rechazaban en principio, pero le fueron mostrando su malestar luego, su cólera después).
Y alrededor de esta coyuntura tan confusa para muchos, tan clara para los que observamos el proceso, los treinta y tantos perdedores absolutos, sin senadores, sin diputados, sin más que el 0.4% en 20 de ellos y 1% en el resto de lo que queda, han desaparecido de la misma forma como llegaron. Pero ¿no eran rostros y voces del pueblo al que siempre utilizan para sus gritos y protestas? ¿no tenían identidad “permanente” porque siempre estaban al lado de las grandes mayorías? No, hipocresía y mentira masiva, política deshonesta hasta la siguiente elección.
Los nombres ustedes los conocen, parecen de historietas, parecen histriónicos, van desde un general que se dice a sí mismo “héroe”, hasta muchos don nada y doñas nadie. Más de treinta engaña muchos, yacen en silencio.

