De los dramas que pueden existir en el país, aguantar a diario a los panfleteros y piratas de las izquierdas del odio es algo tan usual como saber que en el Congreso están desesperados por usarlo como caja de resonancia de sus estupideces -y es elegante decir estupideces a las barbaridades que anuncian como proyectos de Ley-, o simplemente, a las tonterías que pretenden impulsar en contra del país, como por ejemplo, acabar con las leyes que han permitido y permiten que seamos una potencia agroexportadora que no se detiene y brinda trabajos a 622,000 peruanos de forma directa, a más de 266,000 de forma indirecta y un millón más, en calidad de empleos inducidos. Ese marco de progreso, estabilidad y ampliación de la propuesta de empleo es otro de los objetivos a destruir por las izquierdas del odio, las herederas de Sendero luminoso y el MRTA ¿Lo sabías?
Es decir, la agroindustria, la minería formal, la pesca industrial y de consumo, el turismo y el sector construcción son el blanco de ataque y destrucción “como sea y cuando sea” para los extremistas de izquierda que dominan la Cámara de Diputados -por ahora-. Ya lo han hecho con el Magisterio por décadas, como lo hicieron con sectores de producción tan diversos como el petrolero, de saneamiento (agua y desagüe) y lógicamente, en el Estado, allí donde han sobredimensionado el número de empleados públicos hasta sobrepasar el millón quinientos mil, casi tres veces más de los que se necesita.
Y no solo eso, destruyen, desacreditan, desnaturalizan y deslegitiman cuanto lograr infiltrar, para que nada pueda funcionar bien y los ciudadanos se compren el cuento de la necesidad de algo “nuevo”, dispuesto por el partido comunista de turno (que se cambia de nombre cada año, para suavizar su rostro de violencia y maldad).
Cada día se ponen en evidencia los operadores y activistas políticos de la extrema izquierda, la que invadida de odio, no sabe presentar ideas o propuestas, porque no las tiene ni tendrá jamás. Esa es la realidad y por eso nos aburren todos los días con sus tonterías y estupideces -sigo siendo elegante con ellos-, pero es necesario que ya no seamos tan tolerantes, hay que pararlos en seco, públicamente, como lo hacen a diario valientes ciudadanos desde las redes sociales. Ese ejemplo, hay que multiplicarlo.
La Libertad y la Democracia no se sientan en la misma mesa del comunismo, jamás.
