“Nunca”, dirían los activistas desde los medios de comunicación; “jamás”, escribirían los militantes del odio que cada día se ensañan contra los peruanos que trabajan honestamente por sus familias aquí o en el exterior, “de ninguna manera”, afirmarían las ONG politizadas que subvencionan la violencia política. Sin embargo, hoy, este fin de semana, se muerden los labios para no gritar su vergüenza absoluta en un proceso electoral que comenzó con irregularidades provocadas por el agente Corvetto -de las filas del submundo caviar- y que, en esta segunda vuelta, ya sin ese oscuro personaje pernicioso, se afrontó con una inmensa campaña de formación rápida de una red impresionante de personeros en defensa del Voto ciudadano, tarea que demuestra la institucionalización que debe consolidar en el curso del tiempo el partido Fuerza Popular, a fin de darle secuencia a su liderazgo nacional.
Mesa a Mesa, Voto a Voto, el país ha visto estos largos días como la prudencia de Keiko Fujimori y su entorno en el partido han sabido sumar silencio estratégico y palabras precisas para no caer en el “dicen que dijo”, algo tan peruano en la ausencia de argumentos, como las páginas de los medios contrarios a la democracia y la Libertad.
El Perú, con gran entereza ha derrotado a las izquierdas del odio, a las izquierdas de la violencia, de bloqueos de carreteras, incendios de locales públicos y privados, izquierda asesina de Policías y miembros de nuestra Fuerzas Armadas, izquierda que paraliza la educación de millones de niños, opuesta a la formación de los estudiantes en las universidades, opuesta a tener asistencia en salud de calidad, opuesta al ahorro de cada persona, opuesta al emprendimiento privado, opuesta a las inversiones que aseguran empleo, progreso y desarrollo.
Hoy que escribo esta columna, me siento agradecido con Dios y cada peruano que fue a votar, a quienes vi en mi local y Mesa de Sufragio en sillas de ruedas, caminando a duras penas, muy jóvenes que venían apresurados por volver a su trabajo, una enfermera que pidió permiso para que el Perú no siga enfermo y su voto lo alivie, mamás embarazadas, papás con un bebé de meses de nacido en su coche y papás con uno, dos y hasta cinco hijos con quienes reímos mucho al decirles que podían ir a mirar como su padre votaba sin equivocarse; gente de valentía, ciudadanos del Perú, cada uno en su convicción respetable, pero con una amplia mirada de esperanza. Eso fue en mi Mesa de Sufragio en Lima, como era al mismo tiempo en Juliaca, Nueva York, Paris, Madrid, Huancayo, Miami y Pozuzo, Chiclayo, Trujillo y cada lugar en el mundo adonde podían llegar los que hicieron el esfuerzo cívico de hacerlo.
Me siento alegre y preocupado. Alegre por el triunfo de una opción por la democracia, pero preocupado porque tenemos que hacer defensa de la Democracia y la Liberad, ante la segura desesperación totalitaria de la izquierda que no acepta los resultados cuando son perdedores. Esa preocupación va hacia lado de las izquierdas, en plural; son perniciosas, doble discurso y de gran hipocresía, herramientas que usan para ir engañando mientras mueven con ira y maldad a los que pueden caer en el discurso y trampa extremista, en el camino marxista de la violencia, como pasó en la época del terrorismo comunista defendido por algunos medios de su entorno y adicción.
Tenemos tareas ciudadanas los que no somos militantes de Fuerza Popular, pero dimos nuestro voto consciente a Keiko Fujimori: ayudar a rehabilitar la Democracia, ayudar a defender la Libertad.
