Ver los programas políticos del fin de semana, desde el viernes al domingo, produce náuseas y repulsión, ya que se trata de una suerte de palabreo improductivo entre los que buscan portadas y noticias, junto a quienes los citan para ser protagonistas de esas portadas y noticias que en nada contribuyen a la educación ciudadana, un fin en sí mismo, que se ha perdido en el periodismo nacional. Los medios construyen el escándalo, la burla y las sinrazones para sobre esa base, presentar al público la mesa de opiniones de quienes aspiran a gobernar.
El desfile es para golpear a muchos y servirle de publirreportaje oculto a unos cuantos, a los cercanos al canal, la radio o el periódico. Y en esta revuelta de pérdida de tiempo y de valores, la ausencia de talento es creciente, la ausencia de integridad es gigantesca, la ausencia de los que podrían voltear el mal hacia el bien es notoria. ¿Por qué sucede esto, porqué se llenan los espacios informativos de los medios con odiadores e ignorantes en masa?
Veamos el bosque por debajo de la copa de los árboles, donde están las sombras, lo oculto y peligroso. Sucede que en el Perú estamos en medio de un tiempo de supuestas negociaciones “pre-gobierno” pero eso, no existe, no debe existir. Sin embargo, los medios activistas y los grupos de presión intermedia, sienten que deben estar en el poder, como sea y donde sea. Así, los partidos perdedores, por ejemplo, hablan condicionando a los que ganaron, como si el derecho del perdedor fuera poner a los que nos van a gobernar porque si no, no se puede hablar de estabilidad, democracia o gobernabilidad. Por eso dicen “reconciliación para la democracia”, una provocación contra la democracia, contra la Libertad, porque no existe derecho al poder, en el que perdió.
Y por eso también decimos que esta teoría del absurdo, este teatro del absurdo no debe seguir siendo el aire que respiramos y repito: hay una desbocada presión y condicionamiento no solicitado desde los que perdieron las elecciones, para exigir cuotas y dominios de poder, algo inaceptable, insostenible e injustificable.
En esta tarea perversa de las izquierdas del odio, las izquierdas perdedoras, los dueños de los partidos que se formaron para las elecciones y perdieron, “se venden como capaces, siendo los más incapaces”, se venden como honestos no siéndolo.
De este enredo de voltear lo justo y correcto hacia la rendición post electoral, hay un espacio donde juegan los medios y los grupos informales de presión política, queriendo imponer una nueva cultura de lo absurdo, sobre la realidad que se debe respetar. Preguntamos: ¿se impondrá esta presión mediática para poner ministros? ¿para dominar el Congreso y sus Cámaras? ¿seguirá el imperio del mal -desde las izquierdas- infiltrando el Estado de petardistas y panfleteros, oenegeros y sicarios políticos? Esa es la pregunta que veremos responderse o rendirse en los siguientes días.

