Uno de los mayores problemas de las izquierdas en el Perú, es su relación con el odio, una práctica que se hace muy común entre los rostros que la representan (a la izquierda y al odio) ya que al no tener una agenda política son demasiado cambiantes, poco tolerantes, sinuosamente impredecibles. Las izquierdas tienen un gran mal: su vulnerabilidad dirigencial, no tienen dirección ni liderazgos sostenibles, van cambiando de caretas y debajo de ellas surgen otras máscaras cargadas de indiferencia hacia el reto de dirigir, liderar, promover, estimular. Por eso las masas abandonan cada proyecto de las izquierdas y éstas se fragmentan y en cada fragmentación, no existe un solo líder, ni un solo dirigente representativo. Una izquierda insostenible en el tiempo se hace perniciosa.
Observemos estas elecciones donde más de veinte grupos se autodenominan de “izquierda” mientras se niegan lo que son: marxistas, socialistas, comunistas (y son señaladas como extremistas, radicales, progres y caviares). La negación de la negación es una práctica frecuente en el mundo de la izquierda porque “ya no venden” los gritos revolucionarios, la lucha de clases, la guerra popular del campo a la ciudad y una infinidad de términos que han dejado de tener vigencia e importancia porque han fallado en todo su proceso ideológico e implementación.
Repasemos un poco: ¿Son dirigentes los candidatos que la izquierda enmascarada presenta a la presidencia o al congreso de la República, ya sea como diputados o senadores? ¿Son acaso líderes que aglutinan y son seguidos porque marcan un ejemplo y convocan? La respuesta es no. Se trata de improvisados con una deshonestidad intelectual espeluznante, se trata de agitadores y panfleteros convertidos en la nueva máscara izquierdista, nada más que oportunistas y tránsfugas.
Conclusión: La izquierda pierde los papeles en su participación política, por su enorme vulnerabilidad dirigencial y carencia de agenda, evidencias que los ciudadanos han notado y por eso, no siguen a las izquierdas y éstas van de caída en caída, en un proceso de extinción que estamos viendo ocurrir, pero que quieren tapar llamando a la violencia, como siempre lo hacen cuando ven que nadie les toma la atención.

