Si alguien quisiera ser adivino en el Perú, perdería tiempo y dinero, porque todos sabemos lo que va a suceder, solamente que no creemos que una y otra y otra vez se repitan las mismas escenas, los mismos protagonistas y salvo una que otra excepción, los que no hagan nada pudiendo resolverlo todo -los ciudadanos indiferentes, los aburridos, los sin esperanzas y los ninguneados- que son millones más que los que dan su “voto obligatorio”.
Tenemos el poder de apagar otro intento de “revolución” que quiere infiltrarse legalmente en el poder -para que no existan libertades, para que se destruya la débil democracia desfalleciente que parece una historieta donde se cambian los personajes inventados-, pero no hacemos nada, nunca detenemos el proceso sucio que pasa delante de cada uno y no nos deja asombrados porque lo conocemos tanto, que dejamos que suceda. No nos interesa el país, somos egoístas hasta que la soga nos aprieta y aun así, si tenemos un filito de aire para respirar, pensamos en aguantar la falta de oxígeno porque “tenemos espacio para ello”… mientras se nos acaba el tiempo de vida.
Esta será otra vez, una película repetida: con encuestas amañadas, tendencias provocadas por los medios, pactos cargados de intereses contra el país y una cobardía gigantesca de los treinta y tantos perdedores que ahora solo piensan en “chapar un ministerio o algunas ubicaciones en el Estado” para satisfacer sus alforjas y placeres, y de la misma forma, ya tienen su agenda para cobrar cupos a cientos, sino miles de incautos y futuros corruptos que ven en las elecciones municipales y regionales de este año, la oportunidad de hacer negocios turbios y usar los impuestos para sus intereses personales (su familia, sus amantes, sus cómplices, los pandilleros, contratistas, etc.)
No existen opciones, solamente alternativa A y alternativa B. El voto en blanco, viciado o el no asistir a votar, es un acto de cobardía o de traición. No se puede jugar con “lo vacaremos” porque el extremista de ahora viene en paquete completo y tiene para secuencia de sucesión y también, posee una alianza extremista muy violenta que si saben emplearla contra lo que podría ser “la oposición democrática”, únicamente sería el preludio del mayor período de violencia que tendríamos en el país. Por eso, la pelea es en el ring, entre dos, y hay que ganarla pero en amplitud, de forma contundente, si no, el hilo de “la oposición antidemocrática” se volverá la soga de la peor condena nacional.
Decisiones, hoy, decisiones, ahora.
