Locura de país que tolera la ignorancia y la estupidez porque es parte de la democracia que juramos que íbamos a defender, eso me dijeron ayer en una reunión de periodistas, cuando veíamos y escuchábamos el debate que los representantes de las dos únicas opciones en la segunda vuelta electoral presidencial nos presentaban con un aire de suficiencia en unos y conocimiento en otros, que no dejaba duda que la mediocridad anida, se reproduce y muere en las izquierdas repulsivas que jamás han hecho algo bueno por el país.
De un lado, los rostros técnicos de la ultraizquierda no eran los de la alianza política original, sino de la suma de dos alianzas extremistas (los marxistas de hojalata y los maoístas de dinamita). Del partido Venceremos, o sea, el partido comunista número 25 que existe en el país -de acuerdo a nuestros cálculos-, salieron tres profesionales revoltosos de las mentiras, enviados por su eterna candidata a la presidencia, Verónika Mendoza, a darle la pelea al grupo cohesionado que presentó Fuerza Popular, encabezados por el ex ministro de economía Luis Carranza.
Ignorancia y estupidez manifestada mediante la manipulación de la palabra, versus razonamiento y transparencia puestos sobre la mesa para que los ciudadanos conozcan más y elijan mejor. Lo vimos, lo escuchamos, pero mis coleguitas activistas, fieles negacionistas, no lo entendían hasta que poco a poco fueron comprendiendo que las mentiras no son ideas, que el engaño no es una propuesta, que el delito político se llama izquierda del odio.
Quedaron en evidencia los vándalos del odio que cómodamente propagandizan resentimientos, mientras viven del Estado, rotando de gobierno en gobierno, con ese virus de burocracia que llevan en sus mentes de obsesión por la planilla pública, el auto oficial con chofer esperando fuera de casa hasta terminar el desayuno, almuerzo y cena “pagados como gastos de representación”, siendo lujos de malversación.
Ni una idea sostenible en los comunistas, ni una sola propuesta edificante en los socialistas, ningún patriotismo en los activistas del marxismo y el maoísmo que se esconde en términos publicitarios como “venceremos”, y no son ni serán vencedores, porque ya recibieron 0,8% de votos nacionales.
¡Los vencimos! los vamos a enterrar con el Voto Ciudadano.

