Una buena persona, honesta y capaz ¿puede en el curso del tiempo convertirse en alguien que causa rechazo y malestar por sus expresiones llenas de adjetivos de ataque y menosprecio? Por supuesto que sí, se vuelve un ser miserable, justamente como aquellos a los que pretendía reemplazar en el plano político. Una vergüenza que al final de la vida, se vuelve una pésima medalla al odio.
Eso que comentamos, es lo que refleja cada día, en forma espantosa, un candidato presidencial que hace de su participación en la política peruana, como el político tradicional que es, un acto de violencia virulenta contra lo que no le gusta o no le parece. Un candidato que cree que, porque alguna vez hizo algo bueno en beneficio de la ciudadanía, tiene autorizada para disparar una pistola con balas de odio, destinadas a “sus enemigos”, gente que tal vez solamente emitió una opinión (y no como este desdichado: ofensas, diatribas, acusaciones, insultos y mensajes de ajusticiamiento y vulgaridades irreproducibles).
Un candidato no puede esconder sus torpezas y maldades diciendo que sus expresiones de ataque con mentiras y señalamiento perverso… son sólo su opinión. Esa hipocresía daña a la ya maltrecha política, que en vez de ser rehabilitada, se hunde en el fango verbal de estos candidatos hipócritas que dicen “no soy político” y resultan lo peor de la calificación personal y como político.
Asistimos a momentos complicados para la institucionalidad del Perú, momentos en que llenas de errores, fallas y también “intereses ocultos” organizaciones de servicio como la Oficina Nacional de Procesos Electorales ONPE hacen resquebrajarse la confianza de la ciudadanía cuando se ve impedida de cumplir con su Derecho Humano fundamental para emitir un Voto. Eso es gravísimo pero para calificar fallas, faltas y delitos, no existe una delgada línea, sino un mayor espacio de evaluación. No se puede ir gritando irresponsablemente “fraude” sin tener todas las pruebas que reafirmen contundentemente eso, el fraude.
Previendo situaciones como la descrita, existen normas legales muy claras y en este caso elecciones -2026- no existe el volumen denunciado, ni lo que hubiera sido objetivamente necesario: no se observaron en cada Mesa de Sufragio las demoras y perjuicios. ¿porqué? ¿dónde estaban los dos personeros en cada Mesa que dijo que habría, el candidato perdedor? ¿tuvo personeros o solamente gentes buenas dando su tiempo?
Las elecciones son contiendas en Democracia, algo que el candidato perdedor no quiere entender y por eso, las fallas no anulan un proceso donde la mejor decisión es evitar confundir el caos con un derecho.
Nota de Redacción: Este es un artículo de opinión.
