Desde que juramentaron como senadores y diputados, las izquierdas del odio no han presentado ni un solo proyecto de ley o iniciativa legislativa que signifique un aporte para el Perú, en la búsqueda de poner en agenda el orden, progreso y desarrollo que se requiere con urgencia, la unidad de voluntades y la participación ciudadana por encima de las diferencias que pueden existir. A las izquierdas del odio solo les interesa la pelea, radicalizar una nueva versión de su conflicto político interno que ahora se viste de extorsiones y la más violenta criminalidad que ellos -desde las izquierdas- defienden por encima de los derechos humanos fundamentales de millones de peruanos.
Las expresiones de odio, guerra contra el enemigo que no actúa como ellos, es una obsesión militante producto del fanatismo marxista leninista y del fanatismo maoísta que esconden los dirigentes más extremistas que han llegado a ocupar una curul en el Congreso de la República. Por eso, cargan gritos y amenazas cuando salen a las calles para “dicen” protestar (pero no los acompañan más que una docena de los mismos de siempre, nunca hay una movilización masiva del pueblo para darle legitimidad). Los arrebatos marxistas no cautivan a nadie, generan repulsión.
Llevan una agenda oculta de promoción de la violencia para incentivar divisiones, para enfrentar a los peruanos usando narrativas que les sirven de justificación a sus odios y resentimientos. Es el colmo, pero están luciendo su presencia agresiva en las Cámaras de diputados y senadores, como si fueran grandes líderes y no pasan de ser remedos de los que en las calles ocasionan tanto dolor y tristeza con sus actos criminales. Y es que, a la luz de los hechos, cada día que pasa creemos y opinamos con mayor frecuencia que existe una relación de sociedad entre las izquierdas y la criminalidad como un hecho evidente, por la forma en que los rostros encolerizados de las izquierdas defienden la impunidad del delito, perversión protegida desde sus medios de comunicación.
Con cero propuestas, haciendo de cualquier tontería un grito de protesta insensata, nos preguntamos ¿qué es lo que quieren las izquierdas del odio? Resulta evidente la respuesta: quieren destruir al país.

