Cuando no existe liderazgo y nadie encarna una representación orgánica, comprobamos que las partes no son componentes de un todo, sino elementos contradictorios que intentan presentarse como unidad, siendo nada más que multipolaridad, muchos cabos sueltos que no dan para una opción, menos para una revolución. Ese es el drama de las múltiples formaciones marxistas leninistas y maoístas, han dejado de impactar al ser una debilidad ideológica siempre dividida, un puño cerrado alzado en un mismo sentido, pero golpeando su propio rostro de maldad y perversidad. La izquierda, las izquierdas, las mercantilizadas hordas de la izquierda, desde las eternamente ligadas a la burocracia en cada gobierno (caviares, progres) pasando por el grupo que se mueve a veces a la izquierda, a veces al centro, hasta llegar a las huestes subversivas o que gritan nuevamente la lucha armada “de los empujados a hacerla, no de ellos”, de la mano de los cárteles del crimen organizado sobre las economías ilegales (narcotráfico, pesca negra, trata, contrabando, extorsiones, sicariato, lavado de activos) es ahora un pozo séptico que se investiga por sus múltiples delitos y conspiraciones.
La izquierda, las izquierdas, son formaciones políticas delictivas que han trastocado su formación ideológica, en un afán de acomodo para los tiempos actuales. Se han vuelto estratégicamente moldeables y para lograrlo, no han escatimado en sus tradicionales prácticas y modos de traición, el ida y vuelta, las masas contra las masas y la generación de una permanente contradicción que no define nada y huye de todo. La idea de la izquierda, de las izquierdas es confundir para avanzar, enredar para ajustar, generar caos para no perder la identidad de “estar en contra” y así poder criticar y juzgar cualquier objetivo político, económico, educativo, religioso y social.
Al carecer de posiciones y al no tener oferta política de gobierno, al estar tan divididas las izquierdas por un “afán de síndrome del emperador” (cada uno de los minúsculos partidos tiene un diminuto cacique, un casi jeque de la formación), es que podemos corroborar la desnutrición formativa de los marxistas andinos y de los maoístas que se alientan gritando “contra todo imperialismo”, siendo que ellos se arrodillan ante su progenitor, el imperialismo chino que somete a millones, para esclavizar al mundo.
Irracionalidad de la izquierda, de las izquierdas, signo permanente de decadencia. De allí que afirmamos que el Perú se enfrenta -anunciado está- a un escenario de muchas peleas, donde las izquierdas multi divididas van a jugarse sus últimos gritos y traiciones, mostrándose como alternativa de extorsión, no de oposición.
¿Qué harán? Las mismas tonterías de siempre, pero con apoyo mediático, planteando “reformas” fracasadas y poniendo condicionamientos absurdos sobre lo que necesita el país. Serán un ventilador de objeciones, sin aportes, siempre con la mirada de odio y el discurso de guerra para hablar de reconciliación.
El Perú no necesita a la izquierda, salvo que quiera retroceder a tiempos jamás deseados.
