No existe “centro ideológico” porque las ideologías políticas apuntan a sus extremos y siempre, en el medio, no en el centro, la jamonada del sándwich es la ciudadanía que ocupa ese enorme espacio pero carece de identidad para rechazar las presiones totalitarias, en especial de las izquierdas del odio, del comunismo que se enmascara en nombres como “progresistas” pero van contra el progreso y todo lo ven retroceso hacia el imperio de nuevas dictaduras que se romantizan, dicen, por los pobres, pero los aprovechan como ganado al matadero.
Las hordas de la hipocresía política no se han detenido, han cambiado de fórmula y lenguaje para seguir mintiendo, engañando y matando, en una secuencia interminable de narrativas que apuntan al caos y el descrédito institucional, del cual esperan tener en escombros sus restos y recuerdos, para refundar, para reconstruir y reinventar “una nueva democracia”, la del partido único, es decir, eso que gobierna donde la Libertad es algo que no han vivido ni conocido millones de hombres y mujeres que han sido deformados en su niñez y juventud, para aceptar los cuentos de heroicidad inventada a Fidel Castro, Stalin, Mao y la larga lista de asesinos y criminales que destrozaron democracias frágiles, engañaron a muchos partidos tolerantes y algunos medios que los convocaban en sus páginas, a los que al final, terminaron eliminando (países, partidos y medios).
La historia registra la estupidez política como símbolo de entendimiento y convivencia ¿pero, entendimiento y convivencia con sus asesinos, con sus detractores, con quienes aspiran a someter libertades y aniquilar vidas?
Estamos viviendo en el Perú -especialmente- y en todo Latinoamérica -como concepto global-, una guerra abierta entre los herederos de la subversión y defensores del terrorismo que proclamaron las izquierdas desde los años de las “guerrillas”, contra los ciudadanos que nos hemos formado y educado en valores, virtudes y principios que inspiran la democracia y la libertad. Es decir, somos las víctimas del terrorismo las que estamos en combate “cultural” frente al comunismo vestido como progresismos o los nombres electorales que se inventen para suavizar su discurso de odio (marxismo leninismo y maoísmo extremadamente violento).
Quieren, las izquierdas del odio, enmascaradas en posiciones dominantes y exigentes de protagonismo, imponer su agenda de obstrucciones, para que la delincuencia tenga manos libres, para que la economía se degrade, para hacer de la vida educativa una ausencia de conocimientos y una imposición de “novedades sociales inventadas”.
Se las dan de puristas y buenistas los de las izquierdas del odio, pero tras esos pelos pintados y esas poses puras de engaño discursivo se esconden las garras perversas del totalitarismo comunista. Las amenazas, amigos y no amigos, son hechos evidentes, son estrategias con acciones conocidas, no tenemos que suponer o adivinar nada, las izquierdas del odio vienen con su revolución 2.0 a someternos y eliminarnos -ahora sí- progresivamente.
¿Qué debemos hacer? ¿Escucharlos, ponernos en el mismo plano moral y dialogar para llegar a puntos comunes?
Tenemos, debemos de señalarlos, condenarlos, argumentar en contra del totalitarismo comunista y presentar las opciones que se construyen del diálogo democrático y participativo entre iguales, es decir, donde ellos no están ni deben estar jamás. ¿Así o más claro?

