¿Qué hace que no compres esas hojas de cubierta oscura que ensucia las manos? ¿Qué te pone a pensar “para qué destinaría unos cuantos soles de mi dinero”, en comprar un panfleto de varias páginas, donde todo lo que contiene es mentira, rencor, ira y un llamado constante a la violencia? ¿En qué mundo se colocan en quioscos de expendio de periódicos, portadas colgadas como cadáveres ensangrentados, conteniendo palabras que llaman a enfrentarte a la verdad, enarbolando mentiras? ¿Es el “nuevo” periodismo, un reflejo de algo mejor o es que algo ha cambiado para mal en la escena de la información y la comunicación?
Los periódicos hoy, odian al ciudadano activo, al que responde, al que se niega a ser esclavo del silencio, al que le pone un “pare” a la inmundicia de eso que se ha apropiado del periodismo y lo convertido en algo así como un desagüe de perversidades y destrucción sistemática de principios, valores y virtudes. El periodismo hoy, nace de un pozo séptico “intelectual”, de un crematorio “académico” donde cada día ingresa en condena la Libertad, a fin de desaparecer todo concepto de independencia y democracia. El periodismo es un diccionario de ventilación de esporas de degradación de la nueva institución marxista de propaganda que, fuera del asesinato político real y evidente con la subversión, guerrillas, terrorismo y narcotráfico, ha generado que lo degenerado se imponga sobre la vida, la familia, el matrimonio y las esperanzas. El periodismo es un partido político donde los dictadores están sentados frente a sus máquinas de escribir (hoy computadoras) haciendo del discurso “su” obra de penetración mental, para confundir definiciones, socavar conciencias, cambiar conceptos, hundir a la verdad.
La principal causa de extinción y baja compra y lectoría de medios activistas de la izquierda, es su marcado odio y resentimiento contra la ciudadanía activa, eso lo reafirmo.
La principal evidencia del desastre financiero y moral de los medios militantes de izquierda (es decir, de casi todos los pasquines “revolucionarios”) sea en el ámbito de lo virtual o en el tradicional, es que irrumpen con millones en sus presupuestos (vía oenegés de dudosa reputación y actitud, y del lavado de activos) y terminan en el tiempo, muy corto por cierto, despidiendo a sus colaboradores “camaradas”, generalmente los periodistas más jóvenes, que son engañados con falsos reconocimientos y a quienes tienen explotados día y noche, trabajando sin descanso ni derechos laborales reconocidos. Los enamoran con eso de que “aquí estarás con los mejores” (de su calificación de mejores, no de una prestigiada valoración) y al cabo de meses, exprimido como un limón al que ya no hay nada que sacarle, te botan y no te pagan lo que te deben, mientras los patrones del odio siguen usando miles de miles y millones, en ellos, en sus casas de campo y de playa, en sus “reus” y en presentaciones de libros que nadie lee, como nos lee nadie ni en la web ni en los quioscos, ni en el micro, el tren o el taxi. Y es que da asco el solo tocar un medio impreso de mentiras, oír una radio plagada de gritos, ver un canal de televisión donde se denigra a los profesionales haciéndoles hablar o repetir estupideces en teleprompter.
El periodismo no existe donde estaba y ha pasado al ciudadano en sus redes, desde donde se hace de la verdad el himno de la Libertad.