Si no lo ves, debes despertar de la comodidad de ser espectador: el Perú ha pasado del status de ser amenazado por las hordas de las izquierdas, a convertirse en el escenario programado de la violencia que la subversión no puede reactivar con facilidad hoy en día, porque los ciudadanos han aprendido desde las redes sociales a dar la pelea por la Libertad y trasladarla a las calles, universidades, trabajos e inclusive, sindicatos. La lucha política está en donde tenemos que estar, para rebatir el argumento del odio, para derrotar a las izquierdas del odio.
Estamos sometidos a una avalancha de titulares y opiniones en los medios, que, cada uno de forma escandalosa, colocan como portadas y como mensaje de ese odio, el ventilador de los inventos miserables. A ello se suma que la industria oscura del lavado de activos actúa como una piedra de choque o soporte angular estratégico para la escalada de ataques que los medios de comunicación propagandizan a través de “investigaciones públicas” que nadie verifica para saber si se trata de un trabajo periodístico o un efecto pagado en la industria perniciosa de las narrativas izquierdistas que inventan una telaraña de “casos y habrías” para condenar honras, prestigios, carreras limpias, apellidos e instituciones honorables.
La izquierda, las izquierdas (marxistas leninistas, maoístas, chavistas sobrevivientes, socialistas, progres, caviares, subversivas) no actúan irresponsablemente, están acelerando sus múltiples contradicciones políticas para tratar de manipular otra vez a las masas, para hacer de la negación ocasional, una narrativa de movilización y violencia.
El no tener un discurso propio no las aleja de sus objetivos. desacreditar instituciones, desprestigiar instituciones y hacer que las personas sientan aversión por la justicia que las mismas izquierdas dinamitan desde adentro. Esa es la secuencia de maldad e insania que los empuja a demoler la precaria institucionalidad.
Hemos entregado por décadas el valor de la verdad, a los jueves del averno. Es hora de devolver sentido, es hora de rehabilitar instituciones y condenar las ejecuciones “morales” que las izquierdas hicieron contra el Pueblo.
