Cada elección en el Perú es una historia de la histeria acumulada que no llega a explotar, de una especie de suma de indiferencias que a la vez llevan en silencio, implícitamente, una carga enorme de iras, resentimientos, dolores dentro de cada uno -nunca hay dolor colectivo, sino sensaciones de dolor y por eso no reventamos en cóleras de destrucción o reivindicación- y por eso somos una fragmentación increíble en todo, desde lo que nos sirve, hasta lo que nos destruye progresivamente. Un ejemplo es la fragmentación política que nos está llevando de treinta y cinco “partidos cáscaras” hasta cincuenta de lo mismo y de los mismos en octubre, para las elecciones regionales y municipales donde se van a repetir miles de nombres de los que no llegaron al Congreso o a la presidencia, en una suerte de búsqueda de chamba en el Estado, en lo que les caiga mejor o más fácil, si es que atinan en decidir mejor y no en lanzarse adonde jamás van a llegar (como fue en abril, para repetirlo en octubre).
Pero, es una decisión natural; digamos que de todos los candidatos al Congreso (36 x 190 = 6,840) es imposible que el 90% de ellos sean personas con impacto en la ciudadanía, con formación profesional, liderazgo, madurez emocional, valores, principios y virtudes que marquen ejemplo. Es imposible porque de lo contrario, veríamos a candidatos en competencia entre iguales. Lo que vimos y corroboramos fue la inmensa incompetencia y pelea de miles de sinvergüenzas e incompetentes buscando ser presidentes, diputados o senadores y hasta parlamentario andino. Por eso digo que tal vez, quizás, puede ser que un poco menos del 10% del total de candidatos sean en verdad “gentes buenas, queriendo hacer algo bueno por el Perú” (quizás, tal vez, puede ser).
De allí viene la inquietud: ¿y los de las izquierdas del odio, dónde están, en el 90% o en el casi 10% del total?
Señalar los peligros que representan los que quieren llegar desde las izquierdas del odio -como sea- para hacer de la destrucción su camino político, es un imperativo en defensa de nuestras libertades, porque si vuelven a estar en el poder de la nación -como lo vienen haciendo con matices ideológicos desde Humala hasta el actual cómplice del golpista Castillo- el destino no será de esperanzas ni de oportunidades, sino la fatalidad absoluta que nadie puede negar.
Lo decimos nuevamente: van contra nuestras libertades y tenemos que estar preparados para tiempos que se complicarán porque las izquierdas extremistas no se van a quedar en silencio ni inmóviles, sino que planearán atacar las debilidades de la democracia, victimizar a nuevos activistas para generar plataformas de protesta y obtención de dinero fácil de incautos y manipuladores, se obsesionarán en desacreditar más instituciones y el golpe final será llegar desde el poder municipal y regional, al control total del gobierno nacional y para ello, no les importa el Senado ni la Cámara de Diputados, sino la Asamblea Constituyente, el Estado “plurinacional” y la influencia abierta de potencias extranjeras como China (que puede ser un buen socio en negocios, pero un mal amigo en penetración ideológica y política).
El panorama está muy claro: hay que emitir un Voto Ciudadano contundente, así se demoren en instalar mesas de sufragio, así ocurra lo que pueda repetirse, hay que estar allí, en cada local de votación dando la batalla por nuestras libertades.
Amigos y no amigos: no le queda bien la democracia a la propuesta extremista de la izquierda del sombrero luminoso, así de claro.
