Qué difícil ser Papa y venir al Perú siendo peruano por decisión propia, siendo chiclayano de corazón y Agustino por convicción. Un Papa en parte americano por nacimiento y costumbres, pero peruanizado como una fusión de la gastronomía o la propia religión católica que debe valorar costumbres y herencia histórica conjunta, de una Fe que trasciende y de la idiosincrasia que cosecha en el tiempo esa mezcla valiosa. No graficamos un templo en el que se mezclan ladrillos y adobes, lienzos y mantas, el español y el quechua en rezos y también, en lamentos.
Entender la Santidad del Papa es complicado para los no católicos o los que habiendo sido bautizados católicos, no le dieron secuencia y continuidad a su nutrición en el evangelio. Por eso, aun desde la Iglesia, los sacerdotes de la ausencia de Fe se deshacen de su “fe” y se compran la ideologización del cristianismo, produciendo tonterías como cristianos por el socialismo, algo así como musulmanes por la homosexualidad o peridistas por la censura. La contradicción, es una fábrica de ineptitud y de ignorancia, como el discurso de la izquierda del odio tratando de ser compañía del camino papal, pero no se logra hacer identidad esa correlación entre promiscuidad mediática, criminalidad periodística, victimización del mentiroso que logra notoriedad e impunidad (que demora en sancionarse siempre porque castiga a los inocentes que callan por lealtad y sumisión en el clero).
A León XIV le han mentido las que gritaban dolor y lo producían, aplaudiendo el aborto, gozando con la muerte anticipada -eutanasia-, tejiendo políticas públicas que destruyen y dividen familias, pero cantando discursos que muestran campesinos como sometidos, siendo ellos los que someten a sus pueblos, como a sus mujeres, con el látigo, colgadas de cabeza. Un falso discurso de “por los pobres”, no es el de los viajeros en primera clase, gracias a fondos de ONG católicas que carecen de líderes, de ejemplo, de moral, de cristianismo. Duele decirlo claro, sin embargo, hay que hacerlo porque las cuevas de la bondad no están en el averno.
El cerco de las izquierdas está diseñado para rodear anticipadamente al Santo Padre, porque se les acabaron las balas del engaño y León XIV no compra esa “narrativa de odios” aunque permite que se les acerquen los que van a la manipulación que encabeza el poco prudente arzobispo de Lima -un mal Pastor de la Iglesia, como tan malo lo es el Cardenal de Huancayo-.
León XIV tiene varias misiones y decisiones: “crear”, es decir nombrar a los Cardenales de Lima y de Huancayo, y “crear” también lo que varios católicos le hemos ido pidiendo: un Cardenal joven para la Amazonía, un Agustino, un Pastor de humildad y liderazgo. Y esos tres Cardenales, alejados de la opinión política, cercanos a la opinión y el corazón de las familias, tienen el deber de convocar, liderar, enseñar, explicar, vivir el camino de la Fe.
Ese es el primer gran tema pendiente y el que va de la mano, es asegurar una agenda precisa de evangelización, en la que nadie se vaya por las ramas de la ideología o la militancia de opiniones, sino que se concentren en una sola identidad religiosa, un solo mensaje católico, una valiente presencia en las casas, en los colegios, sindicatos y desde la reconversión que ofrece usar bien las redes sociales y la Inteligencia Artificial.
León XIV no viene a darle un diploma a nadie, sino una voz al pueblo: que nadie se aproveche de ello, nadie.
