Esta semana en particular, las izquierdas del odio han soltado, como siempre, sus lemas, slogans y narrativas en afán de confusión y búsqueda de los tontuelos y cobardes de siempre, para clamar por una reconciliación entre los peruanos, pero ¿acaso estamos peleados los peruanos? No, no existe pelea entre iguales, entre ciudadanos libres y demócratas que miran y sienten el presente en un mismo sentido de unidad nacional, a diferencia de las hordas del mal, es decir, muy diferente a la perversidad y maldad de las izquierdas -desde las caviares y progres- que buscan como sea acomodarse en algún ministerio, gobierno regional, municipalidad o en el Congreso, como ya lo hemos visto con el perdedor “sombrero” que se desespera por estar en planilla estatal ¿trabajando quizás? no lo sabemos, lo cierto es que el fracasado deambula rogando a sus camaradas que le den una asesoría y un diezmo, pero se lo siguen negando porque no es nadie, no es un líder, ni siquiera es un dirigente o una voz referente.
Así, don nadie es don nada y a la nada, nada se le debe. Esa es la respuesta que le han dado con un portazo al que engañó con colectas y pedidos de aportes no fiscalizados, deshaciendo el objetivo y yéndose de paseo en asientos de primera clase al Cusco, para pintar un cuadro victorioso que no lo era. Y por eso, también rechazaron su presencia y nadie le fue solidario. Esa mitomanía política fue castigada entre los propios comunistas.
Las izquierdas del odio lo saben, pero si no lo entienden- las izquierdas del odio-, se los volvemos a repetir con todas sus letras: perdieron, fueron aplastadas, derrotadas, sometidas al Voto ciudadano que las condenó a su fin.
Y de ese fin se desprende otra voz del pueblo: no merecen nada, ni ministerios ni presidencia de alguna Cámara, porque sería absurdo darle fuego al cartucho de dinamita que representan en contra de la institucionalidad y la Democracia. ¿Quieren reconciliación? háganlo entre ustedes, herederos de Sendero luminoso y el MRTA, que con los ciudadanos libres del Perú, lo único que tienen es una inmensa deuda moral por las decenas de miles de víctimas que ocasionaron, por el daño terrible a la economía, por la maldad que sembraron con tanto odio por décadas de ideologización y resentimiento.
El Perú rechaza poner en un mismo plano moral a los herederos de la subversión, con los patriotas y sus familias.
