Estoy pensando con mucha paciencia… ¿cuánto daño nos hacen los medios de comunicación cuando se vuelven activistas de posiciones políticas, sea por interés de los dueños del medio o por ideologización de esos dueños y sus periodistas fanatizados en el discurso que promueven por intereses propios y no colectivos? Veo que ahora, por ejemplo, casi todos los medios usan sus alfiles militantes en la redacción de ataque, locución y narración de odio, sea como entrevistadores o columnistas “de opinión sesgada”; apuntan en el Perú a poner como tema de exigencia en la decisión y no de razonamiento en la elección, el que la presidente electa, Keiko Fujimori, deje los puestos clave de gobierno -ceda algunos ministerios, tal vez hasta la presidencia del consejo de ministros- y las presidencias de las cámaras de senadores y diputados, en manos de los que perdieron en las elecciones, que perdieron porque el voto ciudadano no fue hacia ellos. Es decir, no debe ser el Equipo que demostró confianza y credibilidad quien tome las riendas de la gestión y administración nacional (y por eso recibió el masivo respaldo popular), sino que ¿hay que dárselo a los que dijeron “con estos no” (y por eso no tuvieron respaldo ciudadano)? ¿Así de tonta es la democracia?
Esta forma de presión mediática pienso ¿no puede causar resquemores, incertidumbre e inestabilidad en los que votaron por Keiko Fujimori para que sea gobierno, para que gobierno y no para “ceder” en aras de acomodos y estrategias que no son ni reconciliación política ni entendimiento sobre objetivos nacionales de gobierno? Creo en la mesa de iguales, de iguales en democracia, no en la mesa inclinada para que los desiguales de la violencia se impongan subliminalmente con narrativas “bonitas”, sobre la decisión ciudadana.
Ahora, como antes -y no se acuerdan-, los medios activistas siguen siendo la plataforma del impulso desde el odio a la irracionalidad, para hacer normal la estupidez. Eso es intolerable.
