Durante décadas, la dictadura cubana logró vender una de las operaciones de maquillaje político más eficaces del continente: llamar amistad a la penetración, solidaridad al alineamiento con una potencia extranjera y viaje cultural al cultivo político de activistas.
En cien páginas incluidas ilustraciones el Departamento de Estado describe la historia del espionaje y la subversión de Cuba en los Estados Unidos[1], indicando que: “Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido el principal promotor de la izquierda radical y del tercermundismo en Estados Unidos”
Nueve capítulos incluyendo conclusiones describen el “imperio del espionaje cubano” el cual no se construyó con riqueza, sino con infiltración, paciencia y disciplina ideológica. La Habana combinó agentes clandestinos, diplomáticos, estudiantes, activistas, académicos y organizaciones de fachada para penetrar gobiernos, influir en decisiones y reclutar colaboradores. En América Latina, entrenó guerrilleros, financió redes, facilitó documentos falsos y utilizó empresas o asociaciones como cobertura. Su mayor éxito fue parecer demasiado pobre e insignificante para ser considerada una amenaza seria por las democracias occidentales y regionales.
Los Grupos de fachada y compañeros de ruta fue la infraestructura sin uniformes, fusiles ni agentes con gabardina. Organizaciones sin fines de lucro, brigadas juveniles, sindicatos, universidades, iglesias, fundaciones y delegaciones cuidadosamente conducidas por el régimen incluye el Departamento de Estado.
La tarea número uno de la maquinaria cubana era “la exportación de la subversión comunista”. Sesenta años después, el método parece haber cambiado de vocabulario, pero no de finalidad. Influir sobre instituciones extranjeras, reclutar aliados, movilizar presión política y presentar los intereses de la dictadura como demandas espontáneas de la sociedad civil.
ICAP: la oficina de “amistad” dirigida por un espía
El centro de esta red es el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, fundado por Fidel Castro en 1960. Oficialmente promueve intercambios culturales y relaciones de solidaridad. En la práctica, según el informe, coordina una infraestructura que afirma disponer de más de dos mil organizaciones en más de 150 países. ICAP organiza viajes, recibe delegaciones, relaciona activistas extranjeros con funcionarios cubanos y mantiene vínculos con universidades, sindicatos, movimientos políticos y organizaciones juveniles. La pregunta decisiva no es qué dice su folleto turístico, sino quién controla la institución.
El informe recoge testimonios de desertores de la inteligencia cubana según los cuales aproximadamente el 90 % del personal de ICAP estaría vinculado con los servicios de inteligencia. Además, señala que su actual presidente, Fernando González Llort, fue condenado en Estados Unidos como integrante de la Red Avispa y cumplió quince años de prisión antes de regresar a Cuba y ser colocado al frente del principal aparato internacional de “amistad” del régimen. La amistad, entonces, tiene una peculiaridad: está administrada por un espía condenado.
El documento también afirma que agentes cubanos participaron en la creación de seis de los primeros ocho programas de ciudades hermanas entre Cuba y Estados Unidos. Estas asociaciones abren puertas a alcaldías, universidades, hospitales, cámaras empresariales, iglesias y autoridades locales. Después llegan las resoluciones municipales, las delegaciones políticas y el cabildeo favorable a La Habana. No se trata de conquistar Washington de una sola vez. Se trata de ocupar pequeños espacios de legitimidad hasta construir una apariencia nacional de respaldo.
NNOC: “la voz de Cuba” dentro de Estados Unidos
Otro nodo central es la National Network on Cuba, NNOC por sus siglas en inglés, coalición que reúne a más de sesenta organizaciones estadounidenses. Entre sus integrantes, el informe menciona al Partido Comunista de Estados Unidos, Democratic Socialists of America, CodePink y el National Lawyers Guild. ICAP la ha descrito como “la voz de Cuba en Estados Unidos”. La frase destruye cualquier pretensión de autonomía: no sería simplemente una organización estadounidense interesada en Cuba, sino una plataforma reconocida por La Habana como transmisora de su mensaje dentro del país adversario.
El informe del Departamento de Estado sostiene que NNOC coordina con ICAP conferencias, viajes y campañas de presión. En junio de 2026 habría distribuido un “Plan Nacional de Respuesta Rápida” para activar acciones coordinadas contra edificios federales, instalaciones militares y centros de detención migratoria dentro de las veinticuatro horas posteriores a una eventual acción estadounidense contra Cuba. El plan busca vincular la defensa del régimen cubano con protestas contra ICE y otras causas domésticas. Esa es la genialidad parasitaria del sistema: Cuba no necesita crear todos los conflictos. Le basta con insertar su agenda dentro de conflictos ya existentes, apropiarse de sus consignas y utilizar sus redes de movilización.
Pastores para la Paz: la fe convertida en logística política
La “Interreligious Foundation for Community Organization”, IFCO por sus siglas en inglés, nació en 1967 vinculada con sectores religiosos progresistas. Su programa “Pastors for Peace” comenzó en 1988 y organizó su primera caravana hacia Cuba en 1992, cuando la desaparición de la Unión Soviética amenazaba la supervivencia económica del castrismo. Durante los siguientes veinticinco años transportó más de cuatro mil toneladas de suministros mediante caravanas de “amistad”. Sus promotores afirmaban querer demostrar que Cuba tenía “aliados en el vientre de la bestia”. No es exactamente el lenguaje de una organización humanitaria neutral. Es el lenguaje de quien se considera parte de una confrontación contra su propio país.
El informe también destaca el papel de IFCO como patrocinador fiscal de organizaciones radicales estadounidenses. Esa función permite recibir donaciones deducibles de impuestos, gestionar fondos, presentar reportes y proporcionar cobertura administrativa a grupos que, de otro modo, tendrían mayores dificultades para operar. Entre los beneficiarios citados aparecen Jericho Movement, que promueve la liberación de integrantes encarcelados de organizaciones revolucionarias; Equality for Flatbush, vinculada con campañas de abolición policial; Claudia Jones School, activa en protestas favorables a Cuba y acciones contra ICE; y otros colectivos migratorios y abolicionistas.
El dinero entregado como obra caritativa termina sosteniendo una cadena política. La sotana sirve de envoltorio, la exención tributaria de combustible y la dictadura cubana de punto de encuentro.
Venceremos: de la brigada revolucionaria al poder municipal
La Brigada Venceremos constituye uno de los ejemplos más claros del rendimiento político a largo plazo de estas operaciones. Desde 1969 ha llevado a miles de estadounidenses a Cuba para realizar trabajos voluntarios, recibir formación política y relacionarse con cuadros del régimen. El informe presenta una extensa lista de antiguos brigadistas que posteriormente alcanzaron posiciones influyentes en universidades, sindicatos, medios, fundaciones y gobiernos.
Entre ellos menciona a Antonio Villaraigosa y Karen Bass, ambos alcaldes de Los Ángeles. Bass habría sido una importante organizadora de Venceremos en el sur de California y declaró en 1996 que visitaba Cuba con una frecuencia de hasta seis meses. Más tarde llegó al Congreso, presidió el Congressional Black Caucus y fue considerada como posible candidata vicepresidencial en 2020. Cuando Fidel Castro murió, Bass lamentó públicamente su fallecimiento y lo calificó como una pérdida para el pueblo cubano.
Ese es el verdadero rendimiento de una brigada: no los días cortando caña, sino las décadas construyendo relaciones. El joven militante regresa como activista; años después puede convertirse en profesor, dirigente sindical, legislador o alcalde.
The People’s Forum: la revolución profesionalizada
The People’s Forum, con sede en Nueva York, se presenta como una “incubadora de movimientos”. Según el informe, recibió aproximadamente 28 millones de dólares entre 2018 y 2025, de los cuales 22,4 millones procederían de organizaciones vinculadas con el empresario Neville Roy Singham. Desde 2024, el Forum actuaría como patrocinador fiscal de la Brigada Venceremos, recibiría donaciones deducibles de impuestos en su nombre y apoyaría delegaciones masivas hacia Cuba. En 2023 ayudó a trasladar a cientos de activistas para reunirse con Miguel Díaz-Canel y posteriormente recibió al gobernante cubano en su sede de Nueva York.
El régimen aporta la causa; el benefactor, los millones; la organización, la logística; y el sistema tributario estadounidense, la deducción. La subversión moderna ya no siempre llega escondida en una valija diplomática. Puede llegar acompañada por un contador, un asesor fiscal y un elegante informe anual.
Termino indicando que no toda persona que viaja a Cuba es agente. No toda organización favorable al levantamiento del embargo es una fachada. No toda militancia de izquierda constituye espionaje. Precisamente por eso deben investigarse los límites. Quién financia, quién coordina, quién entrega instrucciones, qué información circula y qué relación existe con los servicios de inteligencia de una dictadura extranjera. El documento revela un modelo que todas las cancillerías de la América Morena deberán examinar con especial atención.
En particular América Latina no necesitan perseguir ideas ni prohibir intercambios culturales. Necesitan impedir que la palabra “solidaridad” siga funcionando como salvoconducto para el financiamiento opaco, el reclutamiento político y la penetración institucional. La Habana no convirtió a Cuba en una potencia productiva. La convirtió en una agencia internacional de influencia sostenida por extranjeros fascinados con una revolución que nunca aceptarían padecer en sus propios países. Los cubanos ponen el hambre. Los compañeros de ruta ponen la propaganda. Y las democracias ingenuas terminan pagando la factura.
[1] El Departamento de Estado en su página web indica: “La ofensiva de Cuba contra Estados Unidos nunca fue, en el fondo, una disputa sobre política económica, soberanía o siquiera la propiedad de un territorio concreto. Fue una revolución contra la propia civilización occidental, librada en parte mediante el método novedoso e insidioso de persuadir a los hijos de Occidente para que se volvieran contra su propia herencia”.
https://www.state.gov/cuba-the-capital-of-21st-century-communism/

