Es innegable que el Perú es un centro de referencia mundial para la industria minera, una plaza donde el futuro es amplio y diverso, más aún si se cuenta con estándares muy elevados de respeto y protección al medio donde se realizan las exploraciones y explotación de recursos mineros, mediante empresas de prestigio internacional, de las cuales las peruanas, forman parte de ese segmento exclusivo de operadores importantes en el escenario de la realidad actual. Las empresas peruanas, resaltan como líderes más allá de nuestras fronteras y su expansión está siguiendo un camino de superación constante. Saltan del éxito nacional, al éxito internacional.
Hoy, que estamos cerca de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el panorama se pone tormentoso, se ven nubes de alerta en el firmamento de las inversiones y bajan las expectativas por la inseguridad que nos anuncia la posible presencia en el gobierno de organizaciones provenientes de la ultraizquierda, una izquierda activista y militante, extremadamente ideologizada, declarada enemiga a rabiar de la inversión privada nacional y extranjera en minería. En ese panorama de incertidumbre y sujeción a la negación de acuerdos de estabilidad de contratos y respeto tributario, las empresas mineras desaceleran algunas inversiones o las postergan, siendo esto perjudicial a ellas, al país y a la industria en su conjunto, ya que no es sólo el gran inversionista u operador el que pierde, sino que existe una cadena de intereses directos e indirectos a los que se afecta más: desde proveedores hasta comunidades, desde estudiantes de escuelas y becarios para especializaciones, hasta familias completas de madres que son jefes de hogar y sostén de progreso. Y más, los receptores de impuestos, canon y otros tributos pierden ingresos y no pueden seguir proyectando obras y estímulos al desarrollo, como se logra con Obras por Impuestos (para dar un solo ejemplo).
Entonces, ¿estamos en una posibilidad extrema por primera vez? No, antes tuvimos un escenario algo parecido, pero lo superamos porque existieron voces opositoras fuertes, permanentes, que insistían a diario en no atacar la fuente de nuestra primera riqueza nacional: la minería (en un país de tradición ancestral minera). Eso lo lograron Mario Vargas Llosa en su momento y luego otras personalidades que ya no están, que no se sienten, que no se escuchan porque sus ausencias son notorias. Entonces, otra vez decimos: ¿nos quedan posibilidades para detener las posibles acciones negativas que se pretendan instaurar en un nuevo gobierno de ultraizquierda en el Perú?
La respuesta es no. Y este drama tiene solución previa, ahora, no después, no creyendo que se puede vacar a un extremista “armado de poderes” en seis meses porque eso no va a funcionar otra vez, ya que los extremistas de la ultraizquierda actual son de mayor formación marxista que los advenedizos del 2021. Por eso la pelea es hoy, ahora, enseñando a la ciudadanía que el Voto debe ser unitario por la única candidatura que pueda representar esa esperanza que no se debe de perder, antes de caer en las redes de la subversión vestida de gobierno, ya que a ellos, nadie los va a sacar “porque la legalidad será sometida a la nueva legitimidad comunista”.
Observen bien: La izquierda no tiene ni una sola mención de condena y rechazo a la destrucción de la Amazonía y la contaminación de zonas altoandinas o la invasión de áreas protegidas, que han sido ocupadas por las mafias violentas de la extracción ilegal de minerales ¿Porqué? porque la relación cárteles – izquierda – lavado de activos es evidente y, con una representación aún vigente en el Congreso, han logrado permisividad y absurda tolerancia hacia las mafias que dominan a doscientos cincuenta mil trabajadores de la denominada minería informal, que se ha convertido en “otro partido político” al servicio de los extremistas (unidad de radicales contra el país).
El Perú puede recibir aproximadamente US $ 100,000 millones en inversiones para el desarrollo minero durante los próximos diez años, la fórmula está lista, salvo que gobierne la ultraizquierda. Y añadimos. a esos 100 mil le sumamos otros 100 mil millones más, de los aportes de proveedores, inversiones locales y regionales, servicios conexos de toda índole y más, mucho más, como las redes de desarrollo agropecuario y agroindustrial que van hacia 2,3 millones de hogares unifamiliares. ¿Vamos a perder otra vez esa oportunidad?

