“Familia. En los entierros de mi pobre gente pobre. Cuando se llora es que se siente de verdad. No como en otros funerales de la vida. En donde el llanto es de mentira y hay mucha flor natural. En los entierros de mi pobre gente pobre, las flores son de papel, pero las lágrimas de verdad. Me quedo con mi gente pobre, sencilla, flor de papel y mucho amor de verdad. Catarata de sentimientos”. Son estrofas de Entierros. Esta canción la entonaba con mi querido amigo “Mobilo”, Carlos Oliva Neyra, quien fuera Ministro de Economía y Finanzas, y vicepresidente del Banco Central de Reserva del Perú BCRP -hasta su partida-, amigo a quien recuerdo en el inicio de estas líneas.
Porque Carlos Oliva, durante sus años en el servicio público fue incansable en el esfuerzo por cuidar de la sostenibilidad fiscal y por tecnificar la gestión de gobiernos subnacionales[1]. La primera, porque había costado tanto recuperarla. La segunda porque era imprescindible implementarla. Fue esa su forma de abordar la legitimidad fiscal. Ruego que me disculpen por estas menciones tan personales. Las realizo porque considero necesaria la revisión del Presupuesto 2027 y del Marco Macroeconómico Multianual 2027-2030 desde las palabras del exministro Carlos Oliva Neyra[2].
Hacen falta porque incluso Elmer Cuba, el actual ministro, habló sobre su salida del Consejo Fiscal. Cito: “nadie tiene derecho infinito a ser renovado”. Las consideré poco afortunadas, inoportunas y producto del ego. Como las que recientemente emitió: “tampoco exageremos por un poco de agua en las rodillas”. Carlos dio dura batalla liderando con valentía desde el Consejo Fiscal. Hizo, durante el gobierno de Dina Boluarte, lo que no se había hecho antes.
Aunque ustedes saben lo que pienso del Consejo Fiscal[3] bajo la presidencia de Carlos se emitieron informes técnicos sobre sostenibilidad, como forma de ser “stopper”, de bancarrotas morales en diferentes estamentos del Estado. Se emitieron informes sobre PetroPeru, Municipalidad de Lima, varios sobre el Congreso. Lo mismo que los tradicionales respecto del accionar del MEF.
Carlos hizo su trabajo sin queja. Sabiendo que sin transformar al Estado no se puede elevar la productividad de la peruanidad y a pesar que muchos decidieron ponerse de perfil cuando Dina decidió no renovar su designación como miembro del Consejo Fiscal, sólo recuerdo que dijo: “siempre puede haber interpretaciones auténticas” para sacar a directores del Banco Central.
A mi entender su trabajo fue tan bueno, que estoy seguro de que Julio Velarde no habría llegado a las recientes sesiones para su renovación como presidente del BCR, sin lo que Carlos realizó en el Consejo Fiscal por esos días. Puso contra la pared a los partidos en el congreso, que por esas épocas venían encaballados creando más gastos, durante las débiles administraciones de los ministros Contreras y Arista.
Desde esta corresponsalía he sido crítico respecto de toda política que atente contra la legitimidad fiscal, no porque carezca de importancia guardar la sostenibilidad financiera, sino porque es imprescindible cuidar de las fuerzas productoras (las que tributan) dado que sostienen la democracia, el crecimiento económico y del aparato fiscal. Por ello traigo las palabras de Carlos[4]como regla de medida: Recuperar alto crecimiento económico para una sincera lucha contra la pobreza, la ejecución de inversión para incrementar el PBI potencial, y enfrentar la gestión como forma realista de mejorar.
Lo que indico es que el presupuesto 2027 y el Marco Macroeconómico Multianual 2027-2030 desnudan falta de coherencia. Es suma de deseos sin planes porque la credibilidad del MEF se pone en duda cuando el mismo reconoce que el presupuesto que elabora no es capaz de generar alto crecimiento económico con el gasto público que presupuesta. Como por estimar el mismo crecimiento con dos diferentes tasas de inversión.
La pérdida de credibilidad del MEF en los últimos años ha sido producto de su incapacidad para manejar crisis por factores exógenos, y por ofrecer como buenas, acciones que solo significaban tapar huecos. Carlos Oliva, por ejemplo, dejó en claro que:
“en la lucha contra la pobreza, ochenta por ciento, es producto de alto crecimiento económico; y solo, un veinte a veinticinco por ciento, producto de buenas políticas sociales”.
Por ello, causa sorpresa que el MEF del gabinete de Keiko Fujimori solo proyecte crecimiento de 3.4% para 2026 y 2027. Con inversión privada creciendo 10.5 por ciento este año y déficit fiscal de 1.8% del PBI en 2026 y de 1.4% en 2027. Es una gran sorpresa. En resumen, presupuesta para 2027 S/. 266.5 mil millones de soles, 3.5% más que el PIA 2026. Con lo cual, el MEF va a repetir lo hecho en los últimos años: tratar de cuadrar para llegar al número.
Esto se puede entender para el cierre del 2026 por ser corto el tiempo que resta de ejecución. Pero no se condice con más de 16 años ofreciendo equipos y planes de gobierno. Ni con el combate a la evasión, la eliminación de sobre regulaciones, la protección del poder adquisitivo y la elevación de la productividad, que dijo pretender el ministro Cuba cuando asumió el cargo. No olviden, nombró cuatro comisiones.
Al ministro Cuba recientemente se le ha visto algo morado, no por afiliación partidaria, si no por defender que 3.4% de crecimiento es alto. Lo hizo sustentado en la excusa de las estimaciones de “pitonisas económicas” sobre el fenómeno del niño. Sin embargo, lo más difícil es defender el mismo crecimiento para el año 2027, sin el niño fenómeno, pero con una menor tasa de inversión. De solo 6.5% vs el 10.5% del 2026.
Por otro lado, si bien el Perú conserva el grado de inversión, mantiene una política monetaria creíble y exhibe todavía una deuda pública relativamente contenida, el mercado está cobrando cada vez más por prestar a largo plazo. La razón es que el inversionista de deuda externa peruana, soberana o corporativa, asume dos grandes componentes: el Riesgo Treasury + Riesgo Perú en moneda extranjera. Cuando el primero permanece elevado, el instrumento peruano puede conservar su solvencia y, aun así, los bonos peruanos caer de precio[5].
La grafica muestra que el rendimiento del bono soberano peruano a diez años alcanzó aproximadamente 5.6% el 27 de agosto. Por tanto, buena parte del elevado nivel absoluto de las tasas peruanas en dólares proviene de la propia tasa libre de riesgo estadounidense. Con lo cual el cambio durante los últimos tres años se debe a cambios en el Riesgo Treasury, porque el Riesgo Perú se ha mantenido o mejorado[6].
Adicionalmente, cuidar de la sostenibilidad a una tasa de referencia del BCRP de 4,25% en soles, que determina bonos soberanos largos acercándose al 7% y nuevas emisiones corporativas de primera línea alrededor del 6%. Cambia la discusión si se acompaña de aumento en la inflación a doce meses, de 2.3% en enero a 3.5 a agosto. Dado que la tasa de referencia del BCRP de 4.25%, no garantiza que el bono a diez o quince años pueda cotizar más abajo mañana, demostrando que existen costos por plazos en ambas monedas.
Estoy seguro de que Carlos Oliva indicaría que PetroPeru merece un punto aparte. Porque si bien el MMM Marco Macroeconómico Multianual no prevé dinero alguno para esta institución en los próximos años, la deuda de esta institución y su impacto frecuente en las cuentas fiscales, si lo amerita.
La página web del MEF indica que: “el nuevo directorio” tendrá como prioridades fortalecer la gestión, recuperar la participación en el mercado y generar los flujos de caja positivos, para el manejo de la deuda acumulada. Todo ello muy bonito, pero para ello se requiere haber logrado tomar el gobierno corporativo de la empresa. Sin ese paso no hay nada. Podrá haber nombramientos, variación en los porcentajes de propiedad, como los hubo antes, pero no habrá cambios sin toma efectiva del gobierno corporativo.
Seguiremos con lo mismo, señor ministro: ¿tiene garantizado el gobierno corporativo de PetroPeru? ¿Cuál es plan financiero que requiere ponerse en marcha? No hay ni lo uno ni lo otro. A pesar de todo el dinero (de impuestos) que ha costado hasta ahora. Estamos donde estamos porque diversos ministros no tomaron control de la gobernanza, ni establecieron seguimiento. Así de simple son estas finanzas.
Termino indicando que Carlos Oliva dejo en claro dos puntos para hacer frente a la iliquidez. El primero de la existencia de una propuesta políticamente interesante, que fue centro de la reciente campaña, como construir una propuesta económica más ambiciosa que solamente “cumplir la regla fiscal”, sobre la base de maximizar los ingresos fiscales producto de acelerar inversiones mineras, aprovechando los precios altos, para invertir en capital físico y productivo. El propósito: cambiar la composición del gasto, porque disciplina fiscal no debe significar inmovilismo fiscal.
La segunda. Recordarnos, que la iliquidez llega por no hacer frente a riesgos muy importantes. Como que se pretenda cambiar el capítulo económico de la Constitución. Como que, sin cambiarlo, se designen a siete personas en el BCRP con otra “mentalidad”. Que piensen, por ejemplo, que la tasa de interés del banco central tiene que ser 0 %; o que el Central, tiene que otorgar préstamos a la microempresa. Sería regalar el dinero, con lo cual se enfrentarían presiones entre el staff del Banco Central de Reserva de un lado y de los directores por el otro, deteriorándose el cumplimiento del mandato constitucional.
Carlos Oliva, sabía que legitimidad fiscal, es la confianza que ganan los gobiernos mediante “haber realizado el apropiado gobierno de la recaudación y del gasto de los tributos”.
Desde acá siempre mi cariño para ti y todos los tuyos. Siempre agradecido, nos vemos más adelante mi querido amigo.
Imagen referencial, Carlos Oliva+, Ministro de Economía y Finanzas, vicepresidente del BCRP

