Leo el grito de los resentidos de las izquierdas extremistas, trato de comprender la forma tan perversa de hacer de las negaciones una narrativa, el himno de una posición política personal o quizás, mínimamente colectiva en que se han convertido gentes buenas, quizás, gentes muy erradas, tal vez, pero que dan la impresión de vivir en una acumulación de odios e iras que las escriben en sus redes sociales como si fuera el discurso de la verdad, la única, la de ellos, superpuesta sobre la realidad y toda evidencia.
Muchos que comentan sobre las elecciones recientes en los Estados Unidos, no son americanos de nacimiento, ni de adopción, pero se sienten más que los nacidos y que los adoptados por sí mismos; está bien, se trata de una forma de identificarse con sus ideas o raciocinios -por sus lecturas y fanatismos- se entiende. Sin embargo, esa secuencia de palabras y escritos son reacciones de una violencia que atormenta a sus proclamadores siempre y los pone por encima de todo (eso creen los falsos apóstoles que no se dicen zurdos ni socialistas, ni comunistas ni nada por el estilo, algo que los distinguía y enorgullecía entre 1960 y 1990 en especial, pero cambió al tener el registro más grande de fracasos que cualquier país “rojo” podía ocultar hasta que reventó la verdad, la evidencia que los condenó a ser el hazmerreír histórico, sino vean lo que fue la URSS y toda esa estela de presidios rojos).
La política es una compleja suma de escenarios que van cambiando de acuerdo a las estrategias de cada sector que participa y, dentro de esos sectores, hay muchas tendencias y poderes -visibles y ocultos- que pugnan cada vez que así lo consideran, porque “no siempre es momento de hablar, decidir, participar, rechazar o mantenerse al margen”. Entonces, para los no creyentes en la democracia -por ejemplo-, para comprender lo que ocurre en los Estados Unidos, no comienza ni termina “en los resultados de medio término”, sino en qué puede pasar con esos cambios, algunos insospechados, algunos previsibles, algunos buscados, sí, las derrotas provocadas suelen ser estratégicas cuando sirven para fines posteriores como las próximas elecciones presidenciales, ya verán, no lo duden, estamos hablando de lo ilógico ahora, como impulso lógico para comparar el cambio y posteriormente, devolver la confianza donde uno era sólido, para que esa solidez sea mucho más grande, mucho más creciente en la siguiente toma de poder estatal, congresal, nacional.
Juega a las posibilidades y los escenarios y me darás la razón cuando suceda lo que te anticipo.
Ceder ahora, para avanzar después, de eso se trata, no es un suicidio, ni locura, es estrategia hacia la mente del elector futuro.

